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Las sombras del despido interior

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No es necesario que ahora nos detengamos a recordar los efectos devastadores que los últimos años de crisis financiera han tenido sobre el conjunto de los profesionales y empresas de comunicación. Casi todos, de alguna forma, ya tenemos bien presentes los datos de destrucción masiva de puestos de trabajo en el sector y no es menester rememorar nuevamente semejante escenario.

No, no vamos a hablar de despidos al uso, sino del llamado despido interior, un fenómeno frecuente que silenciosamente asola las carreras de muchos periodistas y profesionales del marketing, activos y con empleo.

¿Qué es el despido interior? Este concepto, introducido y descrito por Lotfi El-Ghandouri en 2007, guarda ciertas semejanzas con el viejo síndrome del ‘trabajador quemado’, ya que se trata de una crisis de motivación laboral inducida por un conjunto indeterminado de factores relacionados con la empresa, el clima laboral, el estilo de liderazgo imperante, las perspectivas de desarrollo de carrera. Pero no estamos hablando de lo mismo. El despido interior posee matices que nos llevan a asociarlo específicamente con el panorama surgido de los últimos años, marcados por el desaliento profesional y la escasez de oportunidades.

Un profesional que padece el despido interior siente un paulatino desarraigo con su puesto de trabajo, un desapego que le lleva a dejar escapar, poco a poco, la ilusión por su empleo y por su empresa. En tales supuestos, se pierde la referencia de las posibles consecuencias y el trabajador, sea cual sea su nivel de responsabilidad, va cayendo en la indiferencia y en la laxitud con respecto a la actividad cotidiana en su compañía.

Una vez que el despido interior nos atrapa, ya no existen retos, ni emoción, ni tensión, ni proactividad, ni deseos de crecimiento. ¿Cómo identificar a un profesional en despido interior? Todos hemos visto más de uno. Seguro que sí. Suelen permanecer ante la pantalla de su equipo, horas y horas sumidos en la dejadez y sin concentrarse en nada concreto. Acostumbran a asistir a las reuniones apenas sin intervenir ni mostrar atención por ninguna cuestión, por trascendente o innovadora que parezca. Ni se les siente ni se les nota.

Pero el despido interior no hace a los empleados más conflictivos, si pasamos por alto su bajo rendimiento y sus casi nulos resultados. Quienes padecen el temible despido interior suelen comportarse casi como muertos vivientes, sin deseos de dar ruido y con afán de pasar desapercibidos dentro de su equipo de trabajo. Su único deseo es formar parte del paisaje y que su jornada laboral pase lo más rápido posible. Sin incidencias.

En definitiva, el despido interior te lleva a huir del compromiso, pasar por alto la participación, escapar al margen de tu equipo y resignarte a malvivir en un entorno productivo con el que has llegado a construir una relación insatisfactoria, tras una prolongada y variable secuencia de vivencias laborales negativas.

¿Cuáles son las consecuencias de un despido interior más o menos dilatado en el tiempo? Son fáciles de imaginar, si la reacción y el cambio de actitud no llegan a tiempo.

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