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El buenismo no convertirá tu empresa en Disneylandia

By | Liderazgo | No Comments

En los últimos tiempos, da la impresión que los CEOs de no pocas compañías nos comunican sus idílicas experiencias y su buenismo como si fueran parientes cercanos de Blancanieves o colegas de Winnie the Pooh. Parece que las teorías de crecimiento personal de todo a cien y los best sellers de autoayuda al estilo ‘Bricomanía’ han causado verdaderos estragos en las entendederas de algunos de nuestros líderes empresariales, hasta llevarlos a una percepción un tanto sesgada de la realidad. O al menos eso es lo que pretenden hacernos creer…

Por desgracia, no todos los profesionales ni todas las empresas son altruistas, bondadosas, generosas o desinteresadas. Mal que nos pese, el mundo real no es Disneylandia, ni el buenismo es la mejor herramienta para comprender y afrontar los retos, los conflictos y los problemas profesionales o empresariales que nos van saliendo al paso.

En más de una ocasión, cuando leo algún artículo de un presunto gurú del Management o escucho el speech de un baranda de moda, no puedo evitar pensar que nos toma el pelo o es víctima de un desmesurado atracón de Sugus de fresa. En efecto, el buenismo se ha instalado en el discurso oficial de más de una compañía y no resulta extraño que a muchos se les desborde el discurso con términos vacuos e ideas simplonas que se antojan extraídas de una hoja parroquial de los tiempos del abuelo de Canovas del Castillo.

Pero ¿qué es el buenismo? Por encima de todo es una plaga, mezcla de ingenuidad, hipocresía y un cuestionable voluntarismo con poder para anestesiar la inteligencia y el sentido común de organizaciones, empresas y trabajadores del conocimiento.

Si acudimos a nuestra recurrente Wikipedia —algo que casi todos hacemos, pero pocos nos atrevemos a reconocer—, el buenismo viene a ser una tendencia de pensamiento y actuación bienintencionada, ingenua, sentimentalista y carente de autocrítica, que persigue hacer el bien a todos, especialmente a quienes ‘más lo necesitan’. Cuando extrapolamos, así sin más, el discurso del buenismo al universo de la empresa, de los negocios y del liderazgo organizacional, el resultado no puede ser más ridículo y pernicioso, hasta el extremo de desvirtuar, degradar y caricaturizar los verdaderos valores estratégicos que sí son imprescindibles en cualquier organización o equipo de trabajo.

Con el buenismo todo se vuelve blandito, baboso, moñas y muy onírico. Todo es fantástico, idílico y maravilloso, a salvo de desajustes, fracasos y decepciones. Hasta llegar al punto en el que nos olvidamos del verdadero sentido de la ética, la honestidad, la transparencia, la responsabilidad, la solidaridad, la competitividad, el compromiso, la cultura del esfuerzo o la confianza inteligente.

Bajo el influjo narcótico del buenismo, todos creemos que no existen los errores, ni los conflictos, ni la incompetencia, ni las personas tóxicas, ni nada semejante. El buenismo apaga el feedback, mancha los valores y desconecta cualquier opción de crecimiento profesional o empresarial.

Los gurús no existen

By | Debate | 2 Comments

Con crisis y sin crisis, la INNOVACIÓN (así, con mayúsculas) ha logrado encaramarse al máximo rol de protagonismo en empresas y organizaciones de cualquier tipo. Todo el mundo clama, a voz en grito y con discursos grandilocuentes, que sin innovación no hay excelencia, ni competitividad, ni sostenibilidad, ni tan siquiera supervivencia. Es indiferente que seas un profesional, una PYME o una gran corporación. Tenemos la necesidad de anticiparnos a un futuro líquido e incierto y para ello precisamos de personas capaces de pilotar nuevos proyectos aunando competencias y actitudes de proactividad, creatividad e innovación.

Hablamos de verdaderos líderes visionarios; con inusitadas destrezas de comunicación; orientados al cambio y capaces de convertir a sus colaboradores en auténticos super-hombres o super-mujeres del talento y de la productividad. Es posible que, en más de una ocasión, hayas oído hablar de verdaderos ‘gurús’ investidos de todas estas cualidades y algunas más.  Este tipo de personajes vienen a ser como los efectos especiales de las películas: una hermosa ilusión y una brillante mentira.

No nos engañemos, ni nos dejemos embaucar. Figuras de semejante calibre solo existen en el cine, en los cómics o en los libros de auto-ayuda más silvestres. En una organización, es impensable que todo el peso de la innovación pueda recaer sobre personas únicas. Ni tan siquiera en el caso de los más sobresalientes líderes, formados en modelos transformacionales y de excelencia. Las competencias que hacen a una empresa innovadora han de desarrollarse, distribuirse y balancearse entre la totalidad de los integrantes de cada equipo de trabajo.

Es cierto que precisamos de líderes innovadores en especial en los medios de comunicación, con creatividad para generar ideas audaces y también con capacidad para convertir tales ideas en procedimientos orientados a crear valor. Pero semejantes destrezas solo son posibles a través de la participación y la implicación de los equipos de trabajo, desde el minuto uno. Los verdaderos gurús son los equipos,  y la comunicación productiva, estructurada y flexible es el vehículo que hace posible el proceso que hace que una empresa avance, crezca y se adapte a los cambios.

Sin inteligencia colaborativa no hay innovación, ni crecimiento, ni comunicación, ni presuntos gurús, ni liderazgo, ni creatividad, ni excelencia, ni tan siquiera supervivencia.

Comunicación interna, el lado oscuro

By | Comunicación | No Comments

Son pocos los que se atreven a reconocerlo, pero la comunicación interna viene a ser la pariente pobre y olvidada en un buen número de empresas de todos los sectores de actividad, ya sean PYMES, microempresas o compañías transnacionales. Da igual de qué negocio hablemos, ya que en la mayor parte de las organizaciones, la comunicación interna solo es contemplada desde una óptica jerárquica y operativa. Desde las posiciones de liderazgo, se persigue que cada cual haga su trabajo en tiempo y forma, tal vez con algo de proactividad y participación, pero sin que los flujos de información parezcan tener otro objetivo que la productividad, pura y dura.

¿Recuerdas a algún Dircom trabajando en programas de comunicación interna? Alguno hay, aunque no podemos afirmar que esa sea una de las responsabilidades profesionales consideradas prioritarias para el puesto. Si hablamos de comunicación empresarial, es inevitable que intuitivamente pensemos en la comunicación externa y en la imagen que cada compañía proyecta hacia sus clientes potenciales, el mercado, los accionistas o la sociedad, en su conjunto. Lo interno con frecuencia será secundario e infravalorado.

¿Tan poco nos importa que profesionales y empresas estén alineados y compartan un universo común de valores, compromisos, actitudes y buenas prácticas?

Hace pocos años, en el curso de una reunión con mandos intermedios y técnicos de una prestigiosa editorial (cuyo nombre no revelaré, por razones obvias), cometí la ingenua imprudencia de pedirles que me hablaran algo respecto a la misión, la visión y los valores de su empresa. En primera instancia, la única respuesta que obtuve fue que su empresa carecía de valores y que jamás habían oído hablar de nada semejante. Incluso llegaron a dudar de su ‘utilidad’. Ante mi insistencia, fueron capaces de deducir, de forma difusa, algunos valores reconocibles que su organización si compartía, como la honestidad, el respeto a la legalidad, la excelencia o la innovación. ¿Cómo era posible que empleados clave desconocieran aspectos críticos de la identidad y de la razón de ser de su empresa? Los pecados de omisión en sus prácticas de comunicación interna parecían notorios.

¿Has observado en qué casos los perfiles y las competencias profesionales recogen la necesidad de que los empleados de puestos concretos cuenten con destrezas de comunicación? Casi siempre, cuando su trabajo cotidiano se desarrolle de cara al exterior. Si se trata de una oferta de empleo ‘de puertas para dentro’, tales habilidades pasan a ser totalmente subsidiarias.

Lo más habitual es que la gestión de la comunicación interna se deje, con exclusividad, en manos de profesionales de recursos humanos o incluso bajo la dirección de responsables operativos (jefes de proyecto, directores de áreas funcionales, jefes de equipo y posiciones análogas). Aunque resulte paradójico, es usual dejar al margen de la misma a los responsables de Marketing o de Comunicación y, con ello, perdemos la oportunidad estratégica de apuntalar el compromiso y la implicación recíprocas entre los profesionales y las propias empresas.

Tal y como hace tiempo ya afirmaban los pioneros de los modelos de gestión de la calidad, cada empleado es un cliente interno y la comunicación  debe contribuir a que esta formulación se convierta en realidad. Comunicación interna, creatividad y marketing deben ir de la mano. 


Foto: The guardian. kmt_rf /Alamy

Curioso momento éste…

By | Actualidad, Hoy | 10 Comments

Curioso momento éste que estamos viviendo los profesionales de la información. Una mezcla, no sabría si decir perfecta, de tormentas, depresiones y anticiclones que nos hacen sentir que, por lo menos, estamos vivos (y no entremos en valoraciones cualitativas sobre cómo estamos estando vivos…) Read More

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