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Competencia, cooperación, liderazgo y Síndrome de Cronos

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Aunque pretendas ser muy exquisito y elegante, sabes de sobra que la competitividad profesional no solo consiste en potenciar nuestras destrezas profesionales y hacer todo lo posible por minimizar los puntos débiles que lastran nuestro crecimiento laboral. Por supuesto que no. Se trata de una condición necesaria, pero no suficiente. Por desgracia.

Por mucho que nos duela decirlo, la competitividad laboral a veces pasa también por tratar de evidenciar los defectos y puntos frágiles de aquellas otras personas que te disputan un mismo objetivo profesional. De paso, si puedes lograr que las excelencias profesionales de los demás pasen desapercibidas, mejor que mejor. Ya sabemos que es una monumental ‘incorrección política’, pero la competencia entre personas y empresas es así, literalmente. Y forma parte de la vida de la dinámica natural de las relaciones entre las personas. No la hemos inventado nosotros, pero tampoco vamos a caer en el papanatismo ingenuo de negarla o demonizarla.

Como decía Miguel de Cervantes en la segunda parte de ‘El Quijote’, haceos miel, y paparos han moscas (convertiros en miel y os comerán las moscas). No es sino una advertencia de las siniestras consecuencias que puede depararnos el exceso de confianza, el buenismo o la creencia ciega en el ‘poder sobrenatural de la cooperación’.

La competencia y la cooperación colaborativa conviven y cada una tiene su espacio necesario y deseable entre las personas, los equipos y las organizaciones. Negar cualquiera de ellas equivale a ocultar la existencia de cosas tan naturales como la brisa, los huracanes, la risa, el llanto, el sol, la lluvia, la salud o la enfermedad.

No parece sensato identificar la competencia con las malas prácticas organizacionales ni percibirla como algo oscuro, perverso y carente de ética. No obstante, en la práctica la competitividad si puede volverse amenazante y dañina para empleados y organizaciones, especialmente cuando se pretende alcanzar logros laborales con desprecio al necesario esfuerzo personal y al imprescindible crecimiento profesional. Es duro reconocerlo, pero los profesionales poco dados al sacrificio y enemigos de la excelencia, a menudo son perspicaces a la hora de encontrar atajos poco confesables para llegar al éxito, con inusitada rapidez.

Una de las perversiones más frecuentes que genera la competitividad en el seno de las organizaciones es el Síndrome de Cronos, un conjunto de pérfidas malas prácticas de liderazgo que sí merece la pena combatir con todo nuestro aliento.

El Síndrome de Cronos engloba un conjunto de acciones que algunos líderes organizacionales priorizan con el objetivo de anular cualquier tipo de competencia que pueda proceder de las personas que integran sus equipos. Suele afirmarse que más de la mitad de las organizaciones padecen esta plaga, independientemente de su naturaleza, actividad y tamaño.

La verdad, el Síndrome de Cronos es fácilmente detectable en convivencia con prácticas de liderazgo autoritario y con jefes de dudosa talla profesional.

¿Cómo puedo identificar si mi empresa o mi jefe padecen el Síndrome de Cronos? Si detectas la presencia de estos síntomas en tu trabajo, ten por seguro que tienes un problema:

  1. El líder Cronos suele ocupar puestos relevantes y nadie sabe muy bien cómo ha llegado allí. Y si lo sabe, prefiere ocultarlo, por su propia supervivencia.
  2. El líder afectado por el Síndrome de Cronos acostumbra a contar con exiguos niveles en las competencias profesionales más relevantes. No sabe hacer casi nada, ni falta que le hace.
  3. El jefe Cronos suele mostrarse casi siempre inseguro y desconfiado ante sus colaboradores. Los percibe como una amenaza y apenas les concede oportunidades para mostrar públicamente su saber hacer.
  4. El jefe Cronos es enemigo del talento ajeno y envidioso del potencial éxito de las personas de su equipo. Siempre intentará que nadie le haga sombra y procurará que las zonas de crecimiento y aprendizaje queden lejos de su territorio.
  5. El líder Cronos habitualmente es autoritario, huraño y con malos modales. En mayor o en menor medida, utiliza prácticas de mobbing y se sirve del miedo para inhibir eventual competencia entre los empleados que componen su equipo.

La verdad, el Síndrome de Cronos es una de tantas y tantas enfermedades organizacionales que nos hacen percibir aspectos negativos en la competitividad y en el crecimiento profesional. Lamentablemente, representan algunas de las causas más frecuentes de malestar laboral que no siempre es fácil de afrontar. Ni mucho menos.

Al fin y al cabo, el Síndrome de Cronos suele aparecer en líderes Incompetentes. No es necesario recordar, que Incompetencia es lo contrario de Competencia. No diremos nada más.

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