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Capital relacional y búsqueda de empleo: enchufes, padrinos y consiglieris

By | Empleo | One Comment

Cuando hacemos referencia a las técnicas de búsqueda de empleo, todos los presuntos expertos en dirección de personas, marketing y comunicación tenemos por costumbre adoptar actitudes muy ‘exquisitas’ y hablar solo de aquello que nos parece políticamente correcto, a la vez que ético y socialmente responsable. Nada es lo que parece.

Aunque resulte poco decoroso, esta vez no nos queda otro remedio que rememorar las palabras del Papa Alejandro VI, Rodrigo Borgia -de los Borgia de toda la vida- cuando formulaba su popular alusión a los vicios privados y a las públicas virtudes: ‘ningún acto cometido en privado puede dañar la sagrada función de un sacerdote’. Cambia la palabra sacerdote por ‘profesional de recursos humanos’ y obtendrás la respuesta a decenas y decenas de preguntas que a diario atormentan a quienes luchan por alcanzar nuevas oportunidades laborales, con suerte muy desigual.

Desde que Rodrigo Borgia fuera máximo prelado de la Iglesia de Roma han pasado más de 500 años, pero parece que la cultura que impregna las prácticas en el mercado de trabajo sigue arrastrando prácticas con origen en aquella pesada y obscura herencia. Es cierto que ahora contamos con un ingente caudal de términos técnicos hermosos, sugestivos e inspiradores, pero a menudo seguimos incurriendo en acciones o decisiones dudosas, injustas o lacerantes para todos aquellos profesionales que buscan su lugar en el mundo, desde el talento, el esfuerzo, la competitividad, la honestidad y la buena fe.

No obstante, es imposible ocultar que también hemos acuñado una batería de eufemismos que nos sirven para ocultar las vergüenzas asociadas a prácticas de selección de personas, todas ellas interesadas, sectarias, rancias, superficiales y tremendamente dañinas para la excelencia profesional y empresarial. Una de estas expresiones hipócritas es la de ‘capital relacional’.

En términos políticamente correctos, capital relacional puede definirse como el conjunto de todos los vínculos y relaciones -de mercado, de poder y de cooperación- que se establecen entre personas, empresas y organizaciones. Desgraciadamente, la realidad cotidiana del mercado de trabajo público y privado no es tan pulcra ni tan edificante.

En consecuencia, una descripción correcta y verídica de la expresión ‘capital relacional’ tiene que hacer referencia al conjunto de parientes influyentes, amiguetes más o menos poderosos, viejos compañeros de estudios o conocidos que te deben algún sustancioso favor o prebenda. Por supuesto, dentro de este círculo de confianza, dispuesto a impulsarte hacia el éxito, también se ubican posibles correligionarios de partidos políticos, organizaciones sindicales, asociaciones pretendidamente solidarias, sectas destructivas, coros parroquiales y clubes deportivos, dicho todo ello con el debido respeto a tan nobles y filantrópicas entidades.

Cierto es que en algunas de las ocasiones en las que algún allegado te abre la vía para el empleo de tus sueños, puede hacerlo con plena y leal confianza en tu talento, en tu potencial o en tu trayectoria. Lamentablemente, estas ocasiones solo representan una ínfima proporción, especialmente cuando se trata de empleo público o de grandes organizaciones empresariales.

Cuando leas algún manual, post o artículo sobre técnicas de búsqueda de empleo, seguro que encuentras alusiones al currículo eficaz, las redes sociales profesionales, el networking y, por supuesto, también al consabido capital relacional. Pues bien, queremos dejarte muy claro que el capital relacional es muy importante para tu éxito profesional, crucial y crítico. Pero no te equivoques, el capital relacional no son solo los profesionales honrados e influyentes que confían en ti.

A grandes rasgos, podríamos afirmar que tu capital relacional está integrado mayoritariamente por el conjunto de personas, padrinos, primos de zumosol y capos dispuestos a comprometerse con tu éxito profesional, independientemente de que te lo merezcas o no.

Buena parte de tu empleabilidad y de tus opciones de crecimiento profesional pasan por que identifiques cuanto antes a estos personajes y entres en contacto con ellos a la mayor brevedad. ¿Tu lista de contactos esta vacía…? Pues ya estás tardando en trabajarte tus enchufes, influencias y padrinos.

Las ofertas de empleo están en el lado oscuro

By | Recursos Humanos | 2 Comments

Hace muchos, muchos meses que no divisas en el horizonte cercano una oferta de empleo decente a este lado del Atlántico. Pero es cierto que las oportunidades de trabajo existen, muy a pesar de la crisis.

¿Dónde están tales propuestas profesionales? Sabemos que pasas horas y horas delante de la pantalla de tu ordenador, escudriñando la red, buscando la ocasión de participar en un proceso selectivo digno que en algo se acomode a tu perfil. Pero no resulta fácil. Nada fácil, aunque te pases cada día más horas sentado que la estatua de Velázquez delante del Museo del Prado.

Incluso en los momentos más duros, es un hecho que el mercado de trabajo se mueve. Cada día hay nuevos despidos, contrataciones, finalizaciones de contratos, proyectos que empiezan y empresas que inician nuevas actividades. Nos guste o no nos guste, la mayor parte del empleo se mueve en ese lado oscuro, en la cara oculta de las empresas y en los entresijos más recónditos del mercado laboral. Las ofertas de empleo que se publican en portales especializados y en sites análogos son minoría.

Es la realidad. Pero ten cuidado. No nos malinterpretes. No te estamos diciendo que tu única posibilidad de encontrar trabajo te la vayan a proporcionar Darth Vader, Lord Voldemort, Tony Soprano, Falconetti, Vito Corleone, Mauricio Colmenero o la Madrastra de Cenicienta. ¡Ni mucho menos…!

Es incontestable que la mayor parte de las ofertas de empleo real no se publican en ninguna parte.  Muchas empresas tienen ‘miedo a lo desconocido’ y prefieren acudir a los contactos profesionales directos e inmediatos para recabar posibles candidatos. Por ejemplo, es usual que se precise cubrir un puesto de trabajo, perdurable o efímero, y se consulte a empleados de la misma empresa, a proveedores, a clientes,  a antiguos compañeros de estudios o colegas profesionales respecto de posibles aspirantes que sean ‘de fiar’. Se trata del viejo recurso de acudir a círculos cerrados de confianza para incorporar a nuevas personas a una organización, dando por hecho que esta forma de ‘seleccionar’ proporcionará referencias más sólidas y consistentes, al evaluar preferentemente a candidatos indirectamente conocidos o ‘recomendados’. Por desgracia, esta práctica tan española, pone las cosas muy difíciles a los profesionales que no cuentan con una agenda de contactos más o menos voluminosa y suele fallar más que una escopeta de feria en las empresas que lo practican.

¿Para qué nos vamos a tomar la molestia de acudir a una consultora de recursos humanos, un headhunter profesional o tener que revisar internamente centenares de curriculums, realizar entrevistas, efectuar llamadas telefónicas, etc, cuando un amiguete nos lo puede solucionar? Nuestra experiencia es que, en muchos casos, los procesos se alargan injustificadamente o los profesionales “recomendados” acaban fuera de las empresas porque no encajan de ninguna manera.  Hace unos días nos comentaban el caso de una empresa del IBEX 35 que a los 6 meses se tuvo que poner a buscar un nuevo dircom, esta vez si, asesorado por una consultora especializada.

En nuestra cultura, estas prácticas de selección han existido siempre y ni tan siquiera las tecnologías de la información y las comunicaciones han logrado alterarlas en exceso. Como mucho, tal vez parte de ellas se reflejen en las redes sociales, aunque casi siempre con carácter informal. Es cierto que resulta frecuente encontrar propuestas profesionales en Facebook, en Twitter o en LinkedIn, pero ello no implica necesariamente que el proceso selectivo se lleve a cabo con candidaturas presentadas preferentemente a través de estos medios.

Si eres un profesional en tránsito nuestro consejo es que busques tu propio lado oscuro. A buen seguro que cuentas con amigos, ex compañeros o conocidos que confían en ti y que, tal vez, pudieran proporcionarte información sobre  posibles oportunidades profesionales presentes o futuras. Sin duda, esta es la primera tarea importante a realizar por cualquier persona que emprenda un proceso de búsqueda activa de empleo. Algo tan fácil como revisar la agenda de nuestro móvil, repasar notas y documentos; hacer memoria y elaborar un listado de contactos: antiguos compañeros de estudios o trabajo, amigos,  etc. Un básico de networking, vamos.

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