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Consejos para parecer experto sin dejar de ser ignorante

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Como posiblemente ya sepas, el vocabulario técnico es algo que debes intentar dominar en cualquier proceso de búsqueda de nuevas oportunidades profesionales, muy especialmente si te desenvuelves dentro del ámbito del marketing o de la comunicación. Un profesional del sector que tuerce el gesto cuando se le habla de engagement score, ROI, tracking codes, adhocracia, management o redarquia -solo por citar algunos ejemplos sencillos-, la verdad, lo tiene muy crudo si trata de adentrarse en los complejos escenarios del mercado laboral o de las nuevas oportunidades de empleo.

Tras unas cuantas horas ante el espejo, es posible que ya hayas aprendido a ‘poner cara de póker’, de erudición o de sutil soberbia cuando alguien te menciona cualquier neologismo, barbarismo o ‘palabro’ que desconoces por completo.

Es probable que incluso ya seas capaz de ‘echar balones fuera’ y distraer a tu avezado interlocutor, para que no te pille en un renuncio o en una imperdonable laguna de ignorancia. No obstante, es necesario que intentes mejorar tus competencias profesionales en este aspecto.

Los conceptos, las ideas, los procedimientos o los descubrimientos deben tener su correspondiente nombre, a ser posible que suene a inglés o a alguna otra lengua que sea poco usual en nuestra cultura. Si se te ocurre algo que aporte valor dentro de tu profesión, ponle un nombre enseguida. Ya se sabe que un paradigma innominado o con una denominación poco afortunada está abocado al más rotundo de los fracasos. Por ejemplo, algo tan conocido y obvio como la popular ‘Ley de Murphy’ sería totalmente ignorada si no llevara el nombre de su autor. ¡Peor aún! Te imaginas que la ‘Ley de Murphy’ se llamara ‘Principio de Peláez’ o algo similar. Mejor no pensarlo…

Con sinceridad, no es imprescindible que conozcas dos millares de términos técnicos para considerarte o ser percibido como un profesional competitivo y actualizado. Pero ya sabes que con demasiada frecuencia la primera impresión es la que cuenta y padecemos una cierta inflación -por no decir epidemia- de superficialidad, esnobismo y frivolidad técnica, aunque algunos reconocen que se trata de algo que no es reciente ni tan siquiera pasajero.

No queremos trasladarte la idea de que este tsunami continuo de términos constituye una dificultad insalvable. No es tan grave. Seguro que podrás surfear con total dignidad y eficiencia esta imprevisible ola si prestas atención a los siguientes consejos:

  1. Trata de mantenerte al día en lo posible. Mejora continuamente tus conocimientos, destrezas y competencias. Habla con compañeros, lee, estudia, comparte contenidos, etc. Aprende nuevos términos y utilízalos para sorprender en entrevistas de trabajo, reuniones, conversaciones profesionales, etc. Anticípate a los demás y que seas tú el primero en mencionar estos términos y dejar pasmado a tu interlocutor.
  1. Conéctate a las redes sociales profesionales y permanece al día de las nuevas aportaciones técnicas de expertos y gurús, ya sean estos auténticos o de atrezzo. Especialmente a LinkedIn y a Twitter. También revisa con frecuencia los blogs más relacionados con tu ámbito profesional específico.
  1. Si a pesar de todo alguien menciona una palabra que te suene extraña, en el peor de los casos afirma conocer su significado, pero reconoce que no eres un consumado experto en el tema, que estás especializado en otras cosas.
  1. Si alguien te menciona un autor que desconoces al cien por cien, de forma inmediata saca a colación tú mismo el nombre de otro autor, aunque sea inventado o ficticio. Esta oscura treta será mejor que la lleves preparada con antelación, ya que las ‘mentiras’ corren el riesgo de tener un poder de convicción limitado. La credibilidad es un asunto delicado.
  1. Intenta especializarte en algo novedoso o reciente dentro de tu territorio profesional. No hace falta que seas un experto, pero si que conozcas los conceptos, autores y aplicaciones generales más significativas dentro de una teoría, un modelo o una tendencia determinada. Este conocimiento será tu ‘bala en la recamara’ para tener siempre una tema fuerte en el que focalizar la conversación y transmitir buenas sensaciones.
  2. Si te sientes muy, muy perdido, en caso de apuro extremo, desvía la conversación hacia otro tema, haz cualquier pregunta de distracción a quien te hable, di que necesitas ir al baño o finge un pequeño mareo. Al menos, elige tú mismo la forma más airosa de ‘hacer el ridículo’.

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