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El pesimismo inteligente te hará más fuerte

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pesimismo inteligenteSeguro que te has dado cuenta. Y no ahora, hace ya una o varias temporadas. Las ideas de la denominada ‘Psicología Positiva’ y las teorías del ‘Crecimiento Personal’ parecen invadirlo todo, de forma transversal, longitudinal y sagital. A poco que accedas a cualquier red social resulta inevitable encontrar un inacabable océano de frases, citas y sentencias que tratarán de abducirte y arrastrarte hacia los inciertos territorios del optimismo a ultranza y de la negación de la adversidad. Hoy queremos darle la vuelta y hablar sobre el “pesimismo inteligente”.

La burbuja del ‘pensamiento positivo’ parece no tener límites y su expansión continúa avanzando, acompañada de una buena carga de superficialidad no exenta de irresponsabilidad ante las dificultades y frente a los titánicos esfuerzos que hoy conlleva abrirse paso y sobrevivir dentro del mercado de trabajo. En efecto, los miles de profesionales que hoy padecen insufribles penalidades para encontrar su lugar en el mundo merecen un poco más de respeto. Los mantras de Paulo Coelho y las letanías inconsistentes de otros autores dudosos representan un constante motivo para la irritación de quienes saben que el fundamentalismo optimista no es condición suficiente ni tan siquiera imprescindible para satisfacer los objetivos personales y profesionales. Y lo peor de todo es que los ‘muyahidines’ de la autoayuda invaden cada rincón de Titear, Facebook o LinkedIn, con sus fotos de florecitas y puestas de sol acompañadas de textos vacuos y pretendidamente grandilocuentes.

Por muchos que se empeñen los mercaderes de la autoayuda, las fuerzas del universo no tienen ninguna intención de conjurarse solo porque tú desees algo con fuerza, más que nada porque muchas otras personas están deseando con más fuerza lo contrario, en legítimo ejercicio de la competitividad profesional. Cuando el optimismo se fundamenta en el trabajo y en el ejercicio de la inteligencia puede ser muy útil. Por el contrario, cuando el optimismo es una actitud ‘folclórica’ y alocada solo puede traducirse en la deriva más irresponsable. Como decía Dwight Eisenhower, ‘el pesimismo no gano nunca una sola batalla’, al menos por sí mismo. Pero a ello tendríamos que añadir que el optimismo es estéril e inútil si no va unido a actitudes más consistentes y productivas. ¿Recuerdas el papel que tuvo el optimismo irresponsable y vacuo en los ‘años dorados’ de la burbuja inmobiliaria? Mejor olvidarlo…

Ventajas del pesimismo

Sin embargo, parece que todo el mundo ha olvidado de repente la función adaptativa del pesimismo y las innumerables ventajas del mismo, cuando se convierte en buenas prácticas de análisis y toma de decisiones. En la misma línea hay que subrayar que las emociones negativas, la tristeza, el enfado, la ira o el dolor también son herramientas que ayudan a las personas a ser conscientes de su realidad personal, social o profesional y nos aportan feedback para superar los retos cotidianos. Sin duda, los vaivenes reactivos en nuestro estado de ánimo sirven a las personas para adoptar decisiones fundamentadas en la realidad, conferirles la energía necesaria, ordenar las estrategias emocionales y mantener planes de acción cognitivamente coherentes.

Por ejemplo, el pesimismo inteligente y la ira moderada nos ayudan a concentrarnos, a mantenernos en tensión y aumentar nuestro rendimiento personal y profesional en aquellas ocasiones en las que se necesita un plus de atención y motivación, que no son pocas.

También hay que destacar que el pesimismo y los sentimientos razonablemente negativos funcionan como una poderosa vacuna, como un antídoto contra los despistes, la ingenuidad, la autocomplacencia y la relajación irresponsable. Por supuesto que el elogio debilita, pero el optimismo sin control puede dejarte totalmente indefenso.

Antídoto contra la vanidad

El pesimismo también funciona como remedio para contrarrestar la vanidad desmesurada y los egos hipertrofiados, con las consiguientes ventajas para la comunicación y el armonioso trabajo dentro de un equipo de trabajo u organización. En otras palabras, el pesimismo es amigo de la humildad y enemigo de la soberbia.

No pretendemos defender de forma injustificada el valor funcional del pesimismo y de las emociones negativas en el trabajo y en la vida. Si así lo hiciéramos caeríamos en el mismo fanatismo extra-científico en el que se mueven los gurús de la autoayuda y del crecimiento personal, pero en sentido contrario. Eso sí, no podemos olvidar que el pesimismo inteligente posee un valor adaptativo irrenunciable para la madurez y para el desarrollo personal y profesional.

Los siete hábitos de las personas altamente nefastas

By | Recursos Humanos | One Comment

Cualquier profesional de la comunicación que acuda a Internet con el propósito de buscar consejos útiles para enfocar su carrera profesional, encontrará ante sí un proceloso océano de diatribas, decálogos, soflamas y moralejas, casi todas ellas con el rancio aroma de los sermones de autoayuda de inspiración casi evangélica.

Por supuesto, ni por asomo se nos ocurriría poner en entredicho el valor de las ideas de semejante legión de presuntos expertos y de sesudos profetas del Management. Al fin y al cabo, todo se resume en que debemos sacrificarnos cada minuto para mejorar, con la referencia del modelo de profesional que defiende niveles siderales de formación, esfuerzo, afán de superación, compromiso y responsabilidad.

Está claro que quien nos invita a convertirnos en empleados excelentes, magnánimos y virtuosos, lo hace con la mejor intención y siempre de buena fe. Por supuesto. Tal vez la única objeción a formular es que posiblemente el mercado, las empresas, las relaciones profesionales y los CEOs no sean siempre tan impecables como cabría esperar en una concepción idílica o buenista del entorno productivo.

Hoy queremos, desde aquí, rendir homenaje a unos de los autores más emblemáticos dentro del género de la autoayuda profesional, Stephen R. Covey, autor del prestigioso libro ‘Los siete hábitos de las personas altamente efectivas‘, conocido y citado por casi todos. Indudablemente, la aportación de Covey fue enorme y su impacto valioso, pero tal vez sea necesario comenzar a adaptar sus brillantes postulados al mundo real de nuestro tiempo y de casi todos los tiempos.

Con el máximo respeto, reformularemos brevemente Los siete hábitos de las personas altamente efectivas‘, aunque nos permitiremos denominarlos ‘Los siete hábitos de las personas altamente nefastas‘. Esta vez no hablaremos de virtudes y excelencia, sino de hábitos ‘siniestros’ presentes en el perfil de profesionales de dudosa competencia. Nos guste o no nos guste, en nuestro tejido productivo encontramos empresas en las que tales hábitos poco deseables resultan bienvenidos.

Es obvio que vivimos en un contexto empresarial y profesional imperfecto -si se nos permite el eufemismo- y puede que debamos mimetizarnos con semejante cúmulo de virtudes dudosas para poder alcanzar cierto éxito personal. Como dice el refranero popular, ‘allá donde fueres, haz lo que vieres’. Si vas a parar a una empresa ‘siniestra’, estos son algunos de los hábitos negativos que esperarán de ti:

1º. Stephen R. Covey decía ‘Sea Proactivo’. Nosotros te aconsejamos que procures formar parte del paisaje y pasar desapercibido dentro de tu empresa. No destaques ni por arriba ni por abajo. No ‘saques la cabeza’, no vaya a ser que te la corten con un despiadado y certero hachazo.

2º. Stephen R. Covey decía ‘Empiece con un fin en mente’. Nosotros te emplazamos a que hagas lo que nos aconsejaba el bueno de Covey, pero tampoco dudes en cambiar de fin de un día para otro si las circunstancias así lo aconsejan. Permanece atento a lo que digan tus jefes y sígueles la corriente en todo, al menos de palabra. En la práctica, puedes hacer lo que te dé la gana, pero siempre con discreción y sigilo. Recuerda que ellos tienen el mismo objetivo que tú, ganar la mayor cantidad de dinero y poder posibles, en el menor tiempo y con el mínimo esfuerzo. Los daños colaterales de todo ello son algo secundario, como su propio nombre indica.

3º. Stephen R. Covey decía ‘Establezca primero lo primero’. Preferimos sugerirte que el orden de prioridades no es algo absoluto ni universal, al menos en el mundo de los negocios. Por ello, observa y escucha a tus jefes y compañeros más avezados. Su comportamiento te revelará que las empresas y las personas no siempre se mueven por dinámicas de excelencia o responsabilidad. En multitud de ocasiones, el éxito profesional no llega a través de las buenas prácticas. Cada compañía tiene su propia ‘cultura’ y ‘valores’ y no siempre tiene motivos objetivos para sentirse orgullosa de ellos. Una cuestión es lo que se dice y otra lo que se hace, como bien sabes.

4º. Stephen R. Covey decía ‘Pensar en ganar/ganar’. Disculpa que seamos tan crudos y prosaicos, pero desde la ética real de los negocios, el éxito no se crea ni se destruye, tan solo cambia de manos. Si tú ganas, alguien deberá perder y si tú pierdes, alguien habrá ganado a costa de tu derrota. En cualquier empresa y en el desarrollo de tu carrera profesional, si juegas a empatar, contarás con todas las opciones para lograr un soberbio fracaso. ‘Ganar/ganar’ es una quimera tan utópica como inusual en la vida real.

5º. Stephen R. Covey decía ‘Procure primero comprender, y después ser comprendido’. La verdad, lo único que importa es el resultado. Es cierto que hay algunos factores que deberás percibir e interpretar para sobrevivir en una organización, pero es imprescindible que te apresures en captar todas aquellas actitudes que sean políticamente correctas en tu empresa y aprender a fingirlas cuanto antes. No preguntes, solo observa y procura imitar en todo a los prebostes y barandas de tu empresa. No es necesario que seas siempre el ’empleado del mes’, pero es vital que lo parezcas.

6º. Stephen R. Covey nos hablaba de ‘La Sinergia’ como ‘la actividad superior de la vida: la verdadera puesta a prueba y manifestación de todos los otros hábitos reunidos’. Para entendernos, Covey entendía ‘La Sinergia’ como ‘la esencia de la paternidad transformadora’. Es cierto que se trata de una idea encomiable, muy útil para comprender y explicar las bases del liderazgo transformador. Por desgracia, lo único que se acostumbra a querer transformar es el volumen de nuestro ego, los dígitos de nuestra cuenta corriente o la cantidad de empleados que hacen reverencias a nuestro paso. En consecuencia, nuestro consejo es que intentes que todas las sinergias confluyan en tu propio beneficio. Y si quieres un amigo, cómprate un perro, como decía Michael Douglas en el film ‘Wall Street’.

7º. Stephen R. Covey nos decía ‘Afile la sierra’. Obviamente, Covey no estaba pensando en el film ‘La matanza de Texas’, de  Tobe Hooper, cuando formuló esta recomendación, aunque muy bien pudiera haberle servido de guía. Más bien quería hacer referencia a profundizar en los seis hábitos precedentes con el objetivo de transformarnos en mejores personas y profesionales. Afilar la sierra es un símil del esfuerzo necesario para potenciar nuestras virtudes y minimizar nuestros defectos ¿Desde cuándo los valores personales, la ética y la superación continua son sinónimos de éxito profesional…? Si ‘afilas la sierra’, que sea para usarla cuando la necesites y no para mejorar tu karma.

En cualquier caso, si puedes evitar estas prácticas y también huir de las empresas que las dan por buenas, tu carrera profesional saldrá ganando. Y mucho.

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