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¿Qué es eso de la innovación disruptiva?

By | Actualidad, wellcomm-auditoria | One Comment

Hace unos cuantos años aún creía que sabía algo sobre Internet y el universo digital. ¡Ilusa, infeliz e imprudente de mí! El tiempo ha llegado para demostrarme que todo esto avanza con endiablada rapidez hasta lograr que los conceptos y las habilidades se queden obsoletos, casi al mismo tiempo en el que ven la luz.

Sin ir más lejos, en los últimos meses ando tratando de digerir la idea de innovación disruptiva, una expresión que suena fantásticamente cool y que me encanta introducir en casi todos mis posts y en gran parte de las conversaciones que mantengo con mis sobreactuados colegas millennials. La verdad, no sé muy bien qué es innovación disruptiva, pero me fascina repetir este mantra, en la secreta intuición que será capaz de abrirme muchas puertas.

Pues bien, a poco que indago en la red, descubro que la innovación disruptiva es algo que tiene que ver con la transformación digital de las empresas, la industria 4.0, la innovación abierta, el liderazgo digital o los entornos colaborativos. Me temo que ahora sigo igual que estaba, aunque he podido sumar a mi bagaje nuevas expresiones que casi me permitirían encaramarme a cualquier mesa redonda de esas que organizan en los grandes eventos de startups 2.0, 3.0 ó 7.0 —pido disculpas, pues ya he perdido la cuenta— con participación de gafapastas, evangelistas internáuticos anónimos, gurús de salón y políticos emergentes.

Sigo investigando y entro en contacto con la obra de Clayton Christensen, un reconocido profesor de Harvard Business School que acuñó el término innovación disruptiva en su libro ‘The Innovators Dilemma’, allá por el año 1997. El profe Christensen venía a contarnos que esta sonora expresión hacía referencia al ‘proceso a través del cual un producto o servicio simple entra en el extremo inferior del mercado y luego escala gradual y constantemente, llegando a ocupar posiciones de privilegio y desplazando a los competidores establecidos’. Al parecer, según Clayton Christensen, innovación disruptiva no consiste en innovar a la usanza tradicional, sino que se trata de modificar modelos de negocio, procedimientos, productos y servicios haciéndolos más simples y baratos a través de tecnologías sofisticadas.

No tengo más remedio que confesarlo, comienzo a entenderlo y la idea suena muy llena de sensatez y de sentido común. Nada mejor que desarrollar conocimientos y tecnologías de vanguardia para lograr que la vida de las empresas y de las personas sea más viable, grata, fácil y barata. Además, también logro informarme que esta innovación disruptiva tiene su caldo de cultivo más propicio en el trabajo colaborativo puesto en práctica por algunas empresas —no voy a decir que sean muchas, no te creas— que se empeñan en abrir cauces para desarrollar y aprovechar todo el talento y las aportaciones de sus profesionales, colaboradores, partners, proveedores, clientes, etc.

Por ejemplo, la aparición de la fotografía digital fue una innovación disruptiva que logró casi desterrar por completo a la fotografía tradicional. Otro ejemplo: cuando llegaron los smartphones, los móviles tradicionales se retiraron paulatinamente a los cajones y a los trasteros, salvo en los casos de algunos abuelitos descarriados o unos pocos labriegos rurales irredentos.

Por si todo esto fuera poco, también alguien me comenta que los avances de innovación disruptiva que logran abrirse paso lo hacen siguiendo las leyes del mercado, es decir, mostrando claramente sus ventajas competitivas frente a productos o servicios que antes ya estaban presentes. En otras palabras, los desplazan porque son mejores y más satisfactorios para empresas, profesionales y clientes, sin trampa, ni cartón, ni subvenciones, ni intervencionismos, ni prebendas, ni enchufes, ni clientelismos.

No puedo negarlo, esta idea me complace y no estaría nada mal que alguien nos enseñara a comportarnos como innovadores disruptivos y también que las empresas acogieran a profesionales capaces de dinamizar el talento de las organizaciones para hacer brotar la innovación disruptiva más fructífera.

Para qué sirven los mapas mentales

By | Actualidad, wellcomm-auditoria | One Comment

No hace falta recordar que para sobrevivir como profesional de la comunicación es imprescindible permanecer abierto, sensible y receptivo a todo el incesante vendaval de nuevos conceptos, tendencias, modelos y paradigmas que brotan como setas otoñales en el proceloso universo de la empresa, del conocimiento, del Management o de los estilos de vida.

La especialización es necesaria en nuestro trabajo, es obvio. Pero ello no nos dispensa de la necesidad de mantener el periscopio a pleno rendimiento en todas direcciones y hacia casi todos los temas clave que se posicionan en primera línea de atención. No nos queda otra que mantenernos al tanto respecto de nuevas ideas que se abren paso o de viejas propuestas que, de repente, son rescatadas del olvido por algún avispado comunicador.

¿Te has preguntado en cuántas ocasiones acudes a Google cada día para desvelar el significado de términos técnicos, neologismos, ‘palabros’ o anglicismos de nuevo cuño? Seguro que muchas y si no es así, puede que algo esté fallando en tu devenir laboral. Es más, con frecuencia no basta con consultas puntuales y es necesario un proceso más complejo de indagación para llegar a entender realidades o procesos complejos. O para transmitirlos a terceros, sean clientes o audiencia.

Hoy no pretendemos estresarte con un nuevo aluvión de conceptos innovadores, más bien todo lo contrario. Queremos llamar tu atención sobre una ‘vieja herramienta’ útil para poner en relación todo nuestro bagaje y nuestras destrezas profesionales con nuevas ideas, proyectos, teorías, etc., por complejos que estos resulten. Te hablamos de los mapas mentales, una técnica de representación creada hace ahora cuarenta años por Tony Buzan, en su libro ‘Use Your Head’. En cierta medida, podemos afirmar que los mapas mentales son el antecedente más claro de las infografías más sofisticadas que tan a menudo suelen encontrarse ahora en la red.

El mapa mental es una técnica que nos permite desarrollar con exhaustividad nuestros proyectos, modelos o conceptos de una manera mucho más efectiva, con la facilidad de abarcar todas las ideas y desarrollando con la profundidad necesaria los temas centrales.

A grandes rasgos, un mapa mental es una herramienta gráfica que nos facilita el acceso al potencial de nuestras destrezas, comprensión, razonamiento y memoria, al tiempo que los interrelacionamos con conceptos o realidades nuevas. Nos sirve para armonizar las habilidades de pensamiento abstracto con las funciones más creativas, intuitivas e innovadoras de nuestro cerebro.

Los mapas mentales se fundamentan en el pensamiento irradiante, que es la forma natural en la que acostumbra a trabajar nuestro cerebro, interrelacionando conceptos, ideas e imágenes. La clave de su eficacia radica en que funciona de forma análoga a nuestra mente: utilizando imágenes y asociaciones. De esta forma, un intrincado paradigma o un complejo proyecto pueden quedar representados en un solo gráfico muy visual y de muy fácil comprensión, por su poder para evocar con eficiencia la gran base de datos que cualquier profesional guarda en sus recuerdos y en sus conocimientos personales.

Además, el mercado nos ofrece un sinfín de aplicaciones informáticas gratuitas y de pago que nos permitirán crear mapas mentales con gran facilidad, como Freemind, MindGenius, XMind o PersonalBrain, entre otros.

En definitiva, un profesional de la comunicación podrá utilizar con relativa facilidad los mapas mentales, tanto para organizar su trabajo, como para transmitir contenidos con una gran carga de valor añadido a sus clientes o a su audiencia potencial.

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