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Pokemon GO, el futuro que viene

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La poderosa irrupción de Pokemon Go en el mercado global ha logrado marcar un hito incontestable, sin precedentes hasta la fecha. Es posible que la afirmación precedente te resulte muy pretenciosa, pero tal vez un poco de análisis, reflexión sobre los datos y de humildad constructiva te ayuden a reconocer los méritos de esta sorprendente app.

Como ya sabemos, la resistencia social a los cambios y a las innovaciones tecnológicas es siempre una fuerza rígida y pujante. En efecto, el pánico a todo lo que es nuevo y tiene éxito ha generado multitud de críticas desaforadas y de detractores rabiosos de Pokemon Go en instituciones, medios de comunicación y gurús reconocidos. No obstante, es necesario formular un merecido reconocimiento hacia los creadores de esta aplicación, ya que su trabajo cuenta con todas las probabilidades de abrir caminos renovados a nuevas propuestas y soluciones tecnológicas cualitativamente diferentes. En otras palabras, ya podemos afirmar que Pokemon Go marcará un antes y un después en diversos territorios globales de aplicación de tecnologías, con sus consiguientes repercusiones profesionales y de mercado.

Hito tecnológico y social

Más allá de la trivialización y de las críticas viscerales, podemos decir que Pokemon Go es ya un hito tecnológico y social con base en los siguientes hechos:

  • Pokemon Go es la primera aplicación de realidad aumentada que logra el éxito global y la implantación social en todo el mundo. El pasado 2 de agosto de 2016 superó los 100 millones de descargas en Google Play, en tan solo unas pocas semanas de actividad. En la actualidad, Pokemon Go registra unos 5 millones de descargas cada día. Puede decirse que la opinión pública mundial, los medios y las empresas han conocido el concepto de realidad aumentada y sus potencialidades a través de Pokemon Go, ya que antes no pasaba de ser una propuesta atractiva pero sin aplicaciones útiles conocidas.
  • Pokemon Go es la app de mayor éxito comercial de la historia, con 206 millones de dólares facturados en su primer mes de actividad.
  • Pokemon Go es la primera aplicación que ha conjugado los conceptos de realidad aumentada, geoposicionamiento, interacción con el entorno físico real y movilidad. Esta integración abre la puerta a futuras nuevas aplicaciones de implantación en el ámbito turístico, en el comercio electrónico, en la logística y en otros sectores diversificados, aún por explorar. Además, una de las evoluciones que ya se espera para Pokemon Go es la próxima integración de nuevas funciones que la aproximen al concepto de red social, ya que la interacción entre usuarios es un fenómeno que ya se está produciendo entre los usuarios en el espacio físico, en las pokeparadas, quedadas, etc.
  • Pokemon Go es el primer ‘videojuego’ y la primera aplicación que rompe los tópicos del fenómeno hikimori, ya que empuja a los usuarios a salir de casa o de la oficina para lanzarse a la interacción con su entorno local —y más allá— y con otros usuarios que coinciden en el tiempo, en el espacio y en la actividad. Por primera vez, una aplicación saca a la gente del estrecho universo de una pantalla y utiliza esta para enviarlos a ‘conocer mundo’ y relacionarse con otras personas. Y esto no ha hecho más que empezar, pero la tecnología aplicada al ocio y al trabajo parece haber comenzado a romper los tópicos del aislamiento social y del enclaustramiento.
  • El concepto Pokemon Go abre inusitadas posibilidades para el desarrollo de innovadoras aplicaciones de ocio, comunicación y de productividad: De hecho, esta app ya está propiciando la aparición de nuevas actividades económicas, basadas en la constante presencia de ingentes colectivos de personas que se desplazan y transitan alrededor de la pokeparadas, dispuestos a consumir, a comprar o a demandar nuevos servicios. Por ejemplo, ¿te imaginas la transformación que pueden experimentar las app de compras online? ¿has pensado cómo podrían evolucionar las aplicaciones para buscar empleo, hoteles, servicios diversos, amigos o pareja? ¿te imaginas simplemente cómo podría funcionar Whatsapp si le integramos el concepto funcional descrito para Pokemon Go?

Pokemon Go desarrolla una propuesta tecnológica y funcional que va mucho más lejos que un simple juego para capturar muñequitos demodé. El tiempo nos revelará de qué manera esta app va a cambiar el mercado y nuestras costumbres, tal y como un día lo hicieron los smartphones, las redes sociales o las compras online.

Facebook: comunicación profesional y compadreo vital

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A buen seguro que ya estás un poco cansado de escuchar y leer, a todas horas, que la presencia proactiva en Facebook, Twitter y demás redes sociales es un requisito casi imprescindible para crecer profesionalmente y abrir la puerta a nuevas oportunidades de negocio. Tal vez sería necesario subrayar que cuidar adecuadamente tu ‘marca profesional’ en los ‘social media’ no es hoy un mérito extraordinario, aunque descuidar tu actividad en redes sociales si puede representar un demérito peligroso y comprometedor.

Parece obvio que redes sociales profesionales como LinkedIn, Xing o Viadeo representan entornos virtuales propicios para apoyar tu carrera profesional, pero en muchos casos aún no acabamos de ver claro para qué puede servirte un perfil en otros sites. Tal vez el caso de Facebook es el que pueda presentarte mayores dudas, al tratarse de una red generalista en la que tus mensajes ‘serios’ parecen extraviarse en un agitado océano de ruido y frivolidad.

Dignidad y pragmatismo

¿Cómo debemos afrontar nuestra acción en Facebook  con un mínimo de dignidad y pragmatismo?No es un reto especialmente dificultoso, aunque si requiere tiempo, atención y destrezas específicas de comunicación. ¡Ah! Y por supuesto, tener claros cuáles son nuestros objetivos y el público al que nos dirigimos.

Efectivamente, convertir nuestro perfil o nuestra página profesional de Facebook no tiene que ser un desafío inasumible, pero si es necesario que seas un poco minucioso y te lo tomes en serio. Tú mismo debes elegir si para ti Facebook es una red solo de ocio, diversión, vacaciones, amistad más o menos informal, juergas de finde, hedonismo y disfrute vital o, por el contrario, un aliado en la defensa de tus aspiraciones profesionales a medio y largo plazo. Al fin y al cabo, solo se trata de utilizar esta red para un fin u otro: bien como herramienta de comunicación profesional o bien como ‘altavoz para el compadreo’. Tú decides…

Pautas

Si te inclinas por conferir a Facebook un uso profesional, vamos a facilitarte una serie de sencillas pautas de actuación que te servirán para construir mensajes profesionales más ajustados a tus propósitos:

  1. No mezcles en exceso contenidos personales y profesionales. Está bien que publiques alguna foto decorosa de tus vacaciones, pero no hay ninguna necesidad de airear noches desenfrenadas de jolgorio y algarabía. Eso no va a beneficiarte en nada —del verbo nada—. Es bueno humanizar un poco tu perfil en Facebook con el reflejo de actividades sencillas y cotidianas, pero no te pases…
  2. Piensa en tu audiencia. Háblales de ‘tú’. Comparte mensajes que les resulten interesantes. No seas vanidoso, ni egocéntrico, ni narcisista contando solo cosas de ti mismo y de tu descomunal talento.
  3. Comparte noticias y contenidos de interés de actualidad y acompáñalos de preguntas abiertas que inviten a participar, dialogar y debatir.
  4. Usa y abusa de los contenidos audiovisuales profesionales y de actualidad. Ya sabes, vídeos, imágenes, fotos, álbumes o infografías. Intenta siempre ‘colgar’ los archivos de vídeo directamente, no te conformes con publicar un link. Los vídeos subidos directamente a Facebook multiplican por 15 el alcance, respecto a los links de vídeos mondos y lirondos.
  5. Trata que tus mensajes técnicos y profesionales sean siempre de rabiosa actualidad, virales, interesantes y con gancho. Pero que no parezcas un catedrático emérito de La Sorbona, esfuérzate en mantener un tono serio, pero también coloquial, cercano y amable.
  6. Intenta que tus mensajes sean gratos, constructivos y positivos. No abuses de las malas noticias o de los sucesos, ya que Facebook no es el mejor lugar para ganar simpatías compartiendo tragedias o dramas.
  7. Procura ser generoso con tu audiencia. No seas ‘tacaño’ a la hora de compartir contenidos ajenos, publicar comentarios en otros perfiles o páginas o clicar en ‘Me gusta’.
  8. Cuando publiques un link, modifica y mejora el texto de los titulares y de la entradilla. Incluso reemplaza la fotografía que aparece por defecto por otra más atractiva. Pon parte de ti a la hora de compartir contenidos profesionales relevantes y útiles para tu audiencia.
  9. Sobre todo genera conversación. Habla con tu audiencia, comenta, agradece, debate, asiente y discrepa con las empresas y personas que puedan acompañarte o ayudarte en tu futura progresión profesional y/o empresarial.

Miserias y vicios de las reuniones de trabajo

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reuniones trabajo inútilesPor desgracia, es frecuente que recordemos buena parte de nuestras reuniones de trabajo como una miserable y lastimosa pérdida de tiempo y de energía. Aunque nos provoque inquietud reconocerlo, no abundan los profesionales capaces de planificar y liderar eficazmente reuniones con un mínimo de rigor y de sentido común.

La verdad, no hace falta ser Peter Drucker ni Stephen Covey para organizar una pequeña reunión de trabajo, pero a menudo dejamos nuestra inteligencia en el guardarropa y nos entregamos a una vorágine de despropósitos y desatinos cuando se trata de trabajar un rato en grupo, dialogando alrededor de una mesa.

El primer punto crucial a considerar es para qué sirve una reunión, cuál es el objetivo que nos ha llevado a convocarla y a ‘secuestrar’ el tiempo y el ánimo de varios de nuestros compañeros/as por espacio de una, dos, tres o ¡más horas…!

Una reunión puede convocarse para:

  • Informar
  • Formar
  • Recabar información que aportan los/as participantes
  • Intercambiar puntos de vista
  • Llegar a un acuerdo
  • Tomar decisiones
  • Resolver un conflicto
  • Generar nuevas ideas
  • Cohesionar el grupo y aumentar su nivel de motivación
  • Ofrecer feedback a los/as participantes respecto de su trabajo

En consecuencia, si estás pensando convocar una reunión profesional que no responde a alguno de los mencionados objetivos u otro similar, te sugerimos que lo valores durante unos minutos y consideres la posibilidad de inhibirte y dejar en paz de tus colegas, jefes y/o colaboradores. Olvida la reunión, ya tendrás ocasión de convocarla cuando sea realmente necesaria.

Fijar objetivos concretos

Pero, ¿por qué nos somos proclives a organizar reuniones inútiles que socavan la productividad y el clima de trabajo de una empresa? En efecto, con frecuencia, se programan reuniones que carecen de un objetivo operativo concreto y fundamentan su realización solo en razones psicológicas, sociales, caprichosas o meramente egocéntricas. Por ejemplo, es habitual que recuerdes haber tomado parte en reuniones totalmente superfluas en las que el único objetico reconocible era:

  • Cumplir con un ritual
  • Transmitir sensación de ‘dinamismo y eficacia’
  • Demostrar autoridad
  • Justificar una decisión ya tomada con anterioridad
  • Etc.

Lamentablemente, una estimable proporción de mandos intermedios, líderes organizacionales, jefes, barandas, prebostes, gurús y jerifaltes utilizan las reuniones para encubrir o soslayar algunas carencias en sus competencias profesionales más elementales e incurren en:

  • Falta de destrezas para afrontar el trabajo individual
  • Carencias personales para tomar decisiones en solitario
  • Gusto por la agitación
  • Búsqueda de interacción social
  • Etc.

En definitiva, cabe afirmar que las reuniones han de ser un instrumento útil para facilitar el trabajo colaborativo y nunca una argucia para ocultar carencias profesionales individuales o hacer valer posiciones de liderazgo autoritario. Una reunión a destiempo o inadecuadamente liderada supone una notable merma en la productividad individual de quienes la comparten, al tiempo que contamina e intoxica el clima laboral.

La inteligencia artificial está estudiando ‘la ESO’

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Casi todos identificamos a la ‘inteligencia artificial’ como un concepto fuertemente innovador y ligado a las tecnologías más recientes y llamativas dentro del universo digital. Algo hay de cierto en ello, aunque nos vemos obligados a matizar que la idea de ‘inteligencia artificial’ cuenta con un recorrido histórico bastante más extenso y un alcance aún difícil de aventurar.

Aunque te parezca que es una expresión muy cool, los orígenes de la inteligencia artificial se remontan a comienzos del siglo XIV, en los tiempos en los que el reconocido filósofo Ramón Llull comenzó a formular la posibilidad de que el razonamiento humano pudiera ser desarrollado por procedimientos artificiales. Sin duda, este legendario religioso mallorquín hizo gala de notable valentía y gran carácter visionario, pues desde entonces la idea de la inteligencia artificial ha servido de soporte, inspiración e impulso a numerosas iniciativas multidisciplinares, hasta llegar a los siglos XX y XXI con la irrupción y consolidación de la sociedad del conocimiento y de la información.

No obstante, todavía nos queda mucho camino por recorrer y el gran cambio que la inteligencia artificial podría introducir en nuestras formas de vivir y trabajar parece que no es inminente.  No queda otra alternativa que esperar y seguir trabajando.

Los precursores

Ya nos lo dijo Alan Turing, uno de los padres de la informática, hace varias décadas. Según Turing, podremos decir que existirá la inteligencia artificial cuando no seamos capaces de diferenciar entre un ser humano y un programa informático en una conversación. Es innegable que se han registrado multitud de avances parciales acumulativos que nos permiten hablar de la aplicación de inteligencia artificial en algunos procesos, aunque en ningún caso pueda suplir al cien por cien las funciones y competencias de la inteligencia humana, tal vez porque esta última no es suficientemente conocida desde una óptica estrictamente científica.  Según Jaron Lanier, el prestigioso gurú de la realidad virtual, todavía no llegamos a comprender cómo funcionan los cerebros, así que difícilmente podremos construir uno que sea capaz de tomar decisiones y resolver problemas reproduciendo el modelo de la inteligencia humana.

Los avances prácticos reales, aunque parciales, dentro de la inteligencia artificial son numerosos y algunos de ellos ya forman parte de nuestra realidad cotidiana. Buena parte de las aportaciones que vienen de las tecnologías Big Data y de Internet de las Cosas (IoT) entran de lleno en este ámbito y están facilitando saltos cualitativos relevantes dentro de las tecnologías de la información.

Siri

Por su parte, las compañías más emblemáticas que lideran la transformación digital nos están enseñando a convivir y aprovechar un buen número de pequeños —y no tan pequeños— progresos emparentados con la inteligencia artificial. Seguro que ya has usado alguna vez ‘Siri’, el asistente personal virtual para iPhone y iPad; los filtros de spam de Gmail; las recomendaciones de vídeos de Youtube; las búsquedas por voz ‘Cloud Speech’ de Google; la tecnología Learning Machine aplicada también por Google; la Amazon Machine Learning o el asistente personal en el que ahora trabajan los desarrolladores de Facebook, solo por citar algunos ejemplos relativamente conocidos por la mayoría de los usuarios de a pie.

Es cierto, se trata de diferentes pasos y avances que no siempre toman la misma dirección, pero cada vez estamos más cerca del gran salto de calidad que permitirá a la inteligencia artificial irrumpir de lleno en todos los órdenes de nuestra realidad.

Hoy nos resulta muy difícil comprender cómo tiempo atrás pudimos vivir sin Internet, Google o los smartphones. Dentro de pocos años nuestro mundo no podrá entenderse sin la inteligencia artificial. En cualquier caso, no intentaremos vaticinar cómo será esa realidad futura, porque seguro que erraremos ¡…y mucho!

La inteligencia artificial está ‘aprendiendo’, está ‘madurando’… y es obvio que este proceso global ha de cubrir una secuencia de etapas que, con toda probabilidad, nos conducirá a innovaciones alentadoras. En algún modo podemos afirmar que la inteligencia artificial está estudiando ‘la ESO’ o tal vez ‘preparando la selectividad’.

El pesimismo inteligente te hará más fuerte

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pesimismo inteligenteSeguro que te has dado cuenta. Y no ahora, hace ya una o varias temporadas. Las ideas de la denominada ‘Psicología Positiva’ y las teorías del ‘Crecimiento Personal’ parecen invadirlo todo, de forma transversal, longitudinal y sagital. A poco que accedas a cualquier red social resulta inevitable encontrar un inacabable océano de frases, citas y sentencias que tratarán de abducirte y arrastrarte hacia los inciertos territorios del optimismo a ultranza y de la negación de la adversidad. Hoy queremos darle la vuelta y hablar sobre el “pesimismo inteligente”.

La burbuja del ‘pensamiento positivo’ parece no tener límites y su expansión continúa avanzando, acompañada de una buena carga de superficialidad no exenta de irresponsabilidad ante las dificultades y frente a los titánicos esfuerzos que hoy conlleva abrirse paso y sobrevivir dentro del mercado de trabajo. En efecto, los miles de profesionales que hoy padecen insufribles penalidades para encontrar su lugar en el mundo merecen un poco más de respeto. Los mantras de Paulo Coelho y las letanías inconsistentes de otros autores dudosos representan un constante motivo para la irritación de quienes saben que el fundamentalismo optimista no es condición suficiente ni tan siquiera imprescindible para satisfacer los objetivos personales y profesionales. Y lo peor de todo es que los ‘muyahidines’ de la autoayuda invaden cada rincón de Titear, Facebook o LinkedIn, con sus fotos de florecitas y puestas de sol acompañadas de textos vacuos y pretendidamente grandilocuentes.

Por muchos que se empeñen los mercaderes de la autoayuda, las fuerzas del universo no tienen ninguna intención de conjurarse solo porque tú desees algo con fuerza, más que nada porque muchas otras personas están deseando con más fuerza lo contrario, en legítimo ejercicio de la competitividad profesional. Cuando el optimismo se fundamenta en el trabajo y en el ejercicio de la inteligencia puede ser muy útil. Por el contrario, cuando el optimismo es una actitud ‘folclórica’ y alocada solo puede traducirse en la deriva más irresponsable. Como decía Dwight Eisenhower, ‘el pesimismo no gano nunca una sola batalla’, al menos por sí mismo. Pero a ello tendríamos que añadir que el optimismo es estéril e inútil si no va unido a actitudes más consistentes y productivas. ¿Recuerdas el papel que tuvo el optimismo irresponsable y vacuo en los ‘años dorados’ de la burbuja inmobiliaria? Mejor olvidarlo…

Ventajas del pesimismo

Sin embargo, parece que todo el mundo ha olvidado de repente la función adaptativa del pesimismo y las innumerables ventajas del mismo, cuando se convierte en buenas prácticas de análisis y toma de decisiones. En la misma línea hay que subrayar que las emociones negativas, la tristeza, el enfado, la ira o el dolor también son herramientas que ayudan a las personas a ser conscientes de su realidad personal, social o profesional y nos aportan feedback para superar los retos cotidianos. Sin duda, los vaivenes reactivos en nuestro estado de ánimo sirven a las personas para adoptar decisiones fundamentadas en la realidad, conferirles la energía necesaria, ordenar las estrategias emocionales y mantener planes de acción cognitivamente coherentes.

Por ejemplo, el pesimismo inteligente y la ira moderada nos ayudan a concentrarnos, a mantenernos en tensión y aumentar nuestro rendimiento personal y profesional en aquellas ocasiones en las que se necesita un plus de atención y motivación, que no son pocas.

También hay que destacar que el pesimismo y los sentimientos razonablemente negativos funcionan como una poderosa vacuna, como un antídoto contra los despistes, la ingenuidad, la autocomplacencia y la relajación irresponsable. Por supuesto que el elogio debilita, pero el optimismo sin control puede dejarte totalmente indefenso.

Antídoto contra la vanidad

El pesimismo también funciona como remedio para contrarrestar la vanidad desmesurada y los egos hipertrofiados, con las consiguientes ventajas para la comunicación y el armonioso trabajo dentro de un equipo de trabajo u organización. En otras palabras, el pesimismo es amigo de la humildad y enemigo de la soberbia.

No pretendemos defender de forma injustificada el valor funcional del pesimismo y de las emociones negativas en el trabajo y en la vida. Si así lo hiciéramos caeríamos en el mismo fanatismo extra-científico en el que se mueven los gurús de la autoayuda y del crecimiento personal, pero en sentido contrario. Eso sí, no podemos olvidar que el pesimismo inteligente posee un valor adaptativo irrenunciable para la madurez y para el desarrollo personal y profesional.

Redes sociales, Big Data, CRM y atención al cliente

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El tremendo auge de las redes sociales ha llevado a un buen número de empresas y profesionales a estar presentes en el ‘ecosistema natural’ en el que ahora se mueven, interactúan y se expresan los consumidores, tanto en el plano individual como en el colectivo. Las últimas tecnologías y metodologías de Big Data y de Cloud Computing no han hecho sino consolidar esta tendencia y ahora cabe augurar prometedores escenarios de crecimiento, justo en esta confluencia.

Cada vez resulta más difícil para una compañía con aspiraciones permanecer al margen de una realidad con la vitalidad que hoy muestran las principales redes y medios sociales. En efecto, la participación masiva que se registra en los Social Media, su enorme capacidad para recoger datos personales y su poder para hacer circular información relevante hacen de estos soportes un escenario prometedor para las prácticas de marketing más efectivas y ajustadas a las necesidades del mercado. Y hablamos de las necesidades reales de las empresas, de los profesionales y de los consumidores finales de productos y servicios. Por supuesto, no es nuestra intención marearte ahora con delirios de gurú indocumentado. ¡El cielo nos libre!

Las empresas que no están presentes en las redes sociales permanecen en un limbo estéril y amenazante para su competitividad y para su supervivencia. Hasta hace un tiempo, buscábamos la información sobre una empresa en Google y ahora cada vez es más frecuente recabar datos de productos, concursos o promociones en Facebook, Twitter, Gmail o incluso LinkedIn. El usuario ‘de infantería’ no puede por menos que sorprenderse cada vez que entra en una red social o servicio ‘en la nube’ y detecta la precisión con la que la pantalla es capaz de ‘adivinar’ sus deseos o intenciones de compra inmediata. Al fin y al cabo, cual figura celestial, el Big Data está en todas partes y lo sabe todo, todo, todo.

¿Qué es lo que inicialmente atrajo a las compañías líderes a las redes sociales? Por encima de todo, sus semejanzas con los ya tradicionales sistemas CRM (Customer Relationship Management), es decir, su potencial para recoger y conservar enormes volúmenes de datos de filiación correspondientes a múltiples clientes. Así es, en principio, los responsables de marketing de tantas y tantas firmas vieron que Facebook, Linkedin u otras redes sociales podrían ser esa enorme base de datos que permitiera a un sistema CRM su funcionamiento ideal. Un cruce de caminos y una oportunidad que aún no llegamos a aprovechar suficientemente. Cada vez estamos más cerca… Tiempo al tiempo.

Habitualmente, el aprovisionamiento de datos para sistemas CRM ha sido una tarea costosa y de relevancia crítica, y de esta forma las redes sociales proporcionaban un proceloso caudal de datos incluso por encima de los niveles requeridos hasta entonces. No solo era posible conocer los datos ‘clásicos’ del perfil de cada cliente potencial (edad, sexo, profesión, lugar de residencia, lugar de nacimiento, nivel de ingresos, nivel de formación, etc.), ya que también podían quedar accesibles otros registros relativos a gustos, preferencias, relaciones sociales, hábitos de consumo o imagen percibida de tal o cual marca, además de una tremenda facilidad y comodidad para la segmentación.

Sin que tú mismo llegues a saber muy bien cómo, la nube conoce con rigor cuál es tu marca de maquillaje favorito; cuál es el club de fútbol de tus amores; si tienes previsto salir pronto de vacaciones; si estás buscando empleo o incluso llega a tener datos precisos sobre tu orientación sexual o sobre el partido político al que piensas votar en las próximas elecciones.

Evidentemente, el potencial de los medios sociales irá mucho más lejos en la medida en la que ofrezca la opción de que la propia compañía forme parte de ese ‘ecosistema’ de clientes como parte activa de la conversación y de la interacción. Hasta el extremo que el foco de atención se traslada desde los perfiles o datos de filiación de los clientes hasta la propia relación que se establece con los mismos, en forma individual o grupal.

Hay que perseguir a los clientes allá donde estén y parece que ahora la mayoría pasa buena parte de su tiempo en las redes sociales. Lo que la sabiduría popular suele llamar el ‘Donde va Vicente…’.

En consecuencia, comenzamos a interpretar que es más importante la relación que se establece con los clientes potenciales que la mera acumulación de datos personales. Además, parece que las redes sociales tienen buena imagen entre los usuarios y mola mucho más si nos encuentran allí, dispuestos a prestarles servicios. No obstante, es innegable que el poderío de las tecnologías Big Data sigue creciendo y provoca en el mercado sentimientos y expectativas antagónicas.

¿Vivimos frágiles e indefensos ante el poder de la información que sobre nosotros poseen las grandes compañías e instituciones…? o por el contrario ¿podríamos afirmar que las metodologías Big Data ayudan a ajustar oferta y demanda y representa una poderosa herramienta de sostenibilidad? Mejor plantear esta espinosa cuestión dentro de una década, que a buen seguro todavía no estaremos en condiciones de ofrecer respuestas veraces y fiables.

No obstante, el avance de los SRM (Social Relationship Management) comienza a ayudar a progresar en la gestión de la relación con los usuarios y también en visualizar las redes sociales como posibles plataformas de prestación de servicios a nuestros clientes. Esta es una práctica que ya comienza a extenderse y representa una fuente de valor añadido para nuestra actividad. De hecho, ya se prestan servicios de atención al cliente que, en muchos casos son posibles gracias a aplicaciones Cloud Computing que permiten procesos automatizados. Además, poco a poco se van dando pasos en el establecimiento de patrones de comportamiento online que permiten identificar diferentes categorías o tipologías de clientes, y responder en consecuencia y de forma automatizada.

Sin duda, se trata de un paso significativo para ajustar la oferta a los requerimientos y necesidades de los clientes, siempre partiendo del potencial social de las redes y de la nube.

Competencia, cooperación, liderazgo y Síndrome de Cronos

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Aunque pretendas ser muy exquisito y elegante, sabes de sobra que la competitividad profesional no solo consiste en potenciar nuestras destrezas profesionales y hacer todo lo posible por minimizar los puntos débiles que lastran nuestro crecimiento laboral. Por supuesto que no. Se trata de una condición necesaria, pero no suficiente. Por desgracia.

Por mucho que nos duela decirlo, la competitividad laboral a veces pasa también por tratar de evidenciar los defectos y puntos frágiles de aquellas otras personas que te disputan un mismo objetivo profesional. De paso, si puedes lograr que las excelencias profesionales de los demás pasen desapercibidas, mejor que mejor. Ya sabemos que es una monumental ‘incorrección política’, pero la competencia entre personas y empresas es así, literalmente. Y forma parte de la vida de la dinámica natural de las relaciones entre las personas. No la hemos inventado nosotros, pero tampoco vamos a caer en el papanatismo ingenuo de negarla o demonizarla.

Como decía Miguel de Cervantes en la segunda parte de ‘El Quijote’, haceos miel, y paparos han moscas (convertiros en miel y os comerán las moscas). No es sino una advertencia de las siniestras consecuencias que puede depararnos el exceso de confianza, el buenismo o la creencia ciega en el ‘poder sobrenatural de la cooperación’.

La competencia y la cooperación colaborativa conviven y cada una tiene su espacio necesario y deseable entre las personas, los equipos y las organizaciones. Negar cualquiera de ellas equivale a ocultar la existencia de cosas tan naturales como la brisa, los huracanes, la risa, el llanto, el sol, la lluvia, la salud o la enfermedad.

No parece sensato identificar la competencia con las malas prácticas organizacionales ni percibirla como algo oscuro, perverso y carente de ética. No obstante, en la práctica la competitividad si puede volverse amenazante y dañina para empleados y organizaciones, especialmente cuando se pretende alcanzar logros laborales con desprecio al necesario esfuerzo personal y al imprescindible crecimiento profesional. Es duro reconocerlo, pero los profesionales poco dados al sacrificio y enemigos de la excelencia, a menudo son perspicaces a la hora de encontrar atajos poco confesables para llegar al éxito, con inusitada rapidez.

Una de las perversiones más frecuentes que genera la competitividad en el seno de las organizaciones es el Síndrome de Cronos, un conjunto de pérfidas malas prácticas de liderazgo que sí merece la pena combatir con todo nuestro aliento.

El Síndrome de Cronos engloba un conjunto de acciones que algunos líderes organizacionales priorizan con el objetivo de anular cualquier tipo de competencia que pueda proceder de las personas que integran sus equipos. Suele afirmarse que más de la mitad de las organizaciones padecen esta plaga, independientemente de su naturaleza, actividad y tamaño.

La verdad, el Síndrome de Cronos es fácilmente detectable en convivencia con prácticas de liderazgo autoritario y con jefes de dudosa talla profesional.

¿Cómo puedo identificar si mi empresa o mi jefe padecen el Síndrome de Cronos? Si detectas la presencia de estos síntomas en tu trabajo, ten por seguro que tienes un problema:

  1. El líder Cronos suele ocupar puestos relevantes y nadie sabe muy bien cómo ha llegado allí. Y si lo sabe, prefiere ocultarlo, por su propia supervivencia.
  2. El líder afectado por el Síndrome de Cronos acostumbra a contar con exiguos niveles en las competencias profesionales más relevantes. No sabe hacer casi nada, ni falta que le hace.
  3. El jefe Cronos suele mostrarse casi siempre inseguro y desconfiado ante sus colaboradores. Los percibe como una amenaza y apenas les concede oportunidades para mostrar públicamente su saber hacer.
  4. El jefe Cronos es enemigo del talento ajeno y envidioso del potencial éxito de las personas de su equipo. Siempre intentará que nadie le haga sombra y procurará que las zonas de crecimiento y aprendizaje queden lejos de su territorio.
  5. El líder Cronos habitualmente es autoritario, huraño y con malos modales. En mayor o en menor medida, utiliza prácticas de mobbing y se sirve del miedo para inhibir eventual competencia entre los empleados que componen su equipo.

La verdad, el Síndrome de Cronos es una de tantas y tantas enfermedades organizacionales que nos hacen percibir aspectos negativos en la competitividad y en el crecimiento profesional. Lamentablemente, representan algunas de las causas más frecuentes de malestar laboral que no siempre es fácil de afrontar. Ni mucho menos.

Al fin y al cabo, el Síndrome de Cronos suele aparecer en líderes Incompetentes. No es necesario recordar, que Incompetencia es lo contrario de Competencia. No diremos nada más.

Consultoría y Outsourcing: competir en tiempos de cambio

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La crisis financiera global que hemos venido padeciendo desde hace unos años ha tirado por tierra las alegrías y excesos que caracterizaron los tiempos de la bonanza económica. Nos ha costado, pero ya nos vamos haciendo a la idea que las vacas gordas han pasado de largo y no tienen intención de regresar tal y como las conocimos años atrás. Ya hemos dejado de perseguirlas y parece que vamos encontrando algún consuelo y resignación a tan amarga ausencia.

Ante la huída de las vacas más generosas, nuestras empresas se desenvuelven ahora según pautas diferentes y ello se hace notar sensiblemente dentro del flujo de transacciones B2B más usuales. Se vende menos, se compra menos y se miran de reojo las cuentas a cada segundo, por lo que pueda pasar… Ni las políticas de precios, ni la negociación de presupuestos son ya las mismas y poco tienen que ver con el período expansivo que dejamos atrás.

El nuevo escenario mercantil generado por los tiempos de recesión se ha dejado sentir muy especialmente dentro de las firmas de consultoría y outsourcing, que viven ahora la necesidad de implantar y mantener criterios de flexibilidad, prudencia y austeridad, muy especialmente en lo que respecta a la gestión de los precios, de los costes y al propio concepto de externalización de servicios. Ya no nos queda casi nada de aquellos años de crecimiento vertiginoso y no nos queda otra que cambiar de catalejo y de timón si no queremos naufragar en mitad de la añoranza.

Dentro del mercado de servicios de consultoría y outsourcing en nuestro país, el factor que ha adquirido un mayor protagonismo es el de la presión de los precios. Todo el mundo regatea, se dilata la negociación y no se ve el momento de aceptar un presupuesto y contratar una oferta. En efecto, el volumen global de servicios contratados ha decrecido considerablemente, y el sector se enfrenta al hecho incuestionable del menor presupuesto disponible de Administraciones Públicas, empresas privadas u organizaciones del tercer sector para invertir o gastar en esta tipología de conceptos. Todos dicen estar ‘tiesos’. Los clientes se nos han vuelto tacaños, y buscan obtener servicios parecidos a los que contrataban tiempo atrás, pero con desembolsos significativamente más bajos, y esta es una situación nada fácil de asumir para multitud de pequeñas y medianas empresas proveedoras dentro del sector de consultoría y outsourcing. La palabra postcrisis se ha convertido en el comodín mágico que los clientes utilizan para recortar nuestras ofertas y dejarnos al borde del colapso. ¡El cielo nos proteja!

Por ejemplo, la demanda total de servicios de consultoría  en España registró en los últimos ejercicios una brutal caída de la que aún no terminamos de despegar como nos gustaría. Los presupuestos que manejan las empresas clientes son ahora más restrictivos, y estos buscan la adaptación a través de la renegociación a la baja o de la búsqueda de nuevos modelos de contratación de servicios que les resulten menos gravosas. Nuestras compañías de consultoría se ven abocadas a minimizar los ratios de rentabilidad o incluso a aceptar pautas de calidad menos exigentes en la relación con el cliente. En otras palabras, nos están dejando en las últimas.

Es obvio que estas tendencias marcan una dinámica competitiva intrasectorial en la que los factores más relevantes a la hora de competir pasan a ser el precio, la financiación y las condiciones globales de pago.

En este estado de cosas, cada vez ganan más enteros los modelos comerciales y funcionales en los que se factura según los servicios que se han disfrutado o prestado en la práctica, con plena personalización en las necesidades del cliente. Desde esta perspectiva, a la vuelta de algún tiempo, los servicios de outsourcing si podrían salir fortalecidos una vez que los datos de crecimiento comiencen a brindar perspectivas más favorables que el tímido repunte que estamos viviendo en los tiempos más recientes, aún marcado por la incertidumbre y por los temores a una nueva crisis financiera.

¿Sabemos diferenciar a un Coach de un Mentor?

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Hace tan solo unos pocos años, el uso de los términos Coach y Mentor parecía estar reservado a los técnicos especializados, a los departamentos de recursos humanos o a las empresas consultoras del sector. En nuestros días, el significado de estas palabras se ha vulgarizado, y es habitual que aparezcan en los medios de comunicación tradicionales y digitales. Además, se genera la sensación difusa de que ambas prácticas son análogas y que todo el mundo puede ponerlas en práctica, casi en cualquier lugar o para lograr los objetivos más caprichosos, por frívolo o inadecuado que resulte.

Hay quienes se atreven a llamar ‘Mentor’ a ese ‘amigo de la familia’ que va a enchufarte para que te contraten en un poderoso grupo empresarial de comunicación, mientras otras personas cometen la osadía de llamar ‘Coach’ al monitor de fitness de ese gimnasio en el que la gente se matricula para asistir solo durante el mes de septiembre. No tenemos nada que reprocharles ni a unos ni a otros, pero no estaría de más que aprendiéramos a distinguir Coaching y Mentoring y a diferenciar cómo pueden ser útiles en el desarrollo de carrera profesional de los profesionales del marketing y del periodismo, en el más amplio sentido.

¿Conocemos realmente las diferencias precisas entre el Coaching y el Mentoring? Está claro que algunos profesionales de la comunicación sí las conocen y otros muchos confunden los conceptos y la utilidad de ambas metodologías. Trataremos de aclarar los términos.

Un Coach es un profesional formado específicamente para acompañar, motivar y orientar a otros profesionales en el aprendizaje y en el desarrollo de un conjunto de habilidades concretas interrelacionadas. El Coach es un profesional del Coaching, se gana la vida con ello, aunque esto nos parezca una obviedad.

Por ejemplo, un Coach puede ayudarte a buscar o encontrar empleo y acompañarte en el proceso hasta que culmines la consecución de tu objetivo. También un Coach puede conseguir que encuentres las palancas necesarias para que te sientas seguro a la hora de comunicar y transmitir bien tus mensajes en público.

Por su parte, el Mentoring es un proceso de crecimiento profesional y también personal. Se trata de promover la mejora del talento individual o colectivo, en sentido amplio. En el Mentoring, una persona con experiencia en un campo concreto aconseja, apoya, guía y ayuda a alguien menos experimentado o a un equipo para hacer realidad sus objetivos profesionales, laborales o empresariales a medio plazo, siempre dentro de una relación de pleno compromiso y mutua confianza.

El Mentor no es un profesional del Mentoring, no se gana la vida como tal. Por ejemplo, si una agencia de comunicación tiene problemas para acometer las tareas de desarrollo de negocio, puede contar un mentor especializado en ventas, experimentado, maduro y veterano, para que ‘acompañe’, oriente y propicie la mejora de las habilidades comerciales del conjunto de la organización. También un mentor especializado en habilidades digitales puede conseguir que un directivo participe de la conversación en redes sociales de su comunidad sin miedo a equivocarse.

El Mentoring persigue objetivos individuales y grupales de progreso  profesional y suele extenderse por un período prolongado de tiempo. Por el contrario, el Coaching puede realizarse con una duración bastante más breve (apenas unos pocos meses) y se focaliza siempre en destrezas y actitudes concretas que se fijan en un plan de acción a corto y medio plazo.

A poco que revisemos opiniones y artículos de diferentes medios y comunicadores, constataremos que ambas metodologías se mezclan y confunden hasta la extenuación y el hartazgo, a pesar de tratarse de herramientas con gran utilidad y potencial para empresas y profesionales de la comunicación.

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