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octubre 2016

Solomon y el emperador desnudo

By | Liderazgo | No Comments

Parece que hoy nadie lo duda: la diferenciación es una de las claves para crecer y triunfar en un mercado cambiante, exigente y fuertemente competitivo. Todos damos por bueno este punto de partida y entendemos que solo los profesionales, productos y servicios que aporten diferencias innovadoras podrán salir adelante y anticiparse la competencia.

En sentido estricto, la mencionada máxima es válida para todos, ya se trate de compañías transnacionales, agencias de comunicación, comunicadores, periodistas, becarios, publicistas, políticos, sindicalistas, creativos, empresas locales, microempresas, profesionales freelance, trolls de la red, tuiteros honoríficos o francotiradores youtubers.

Está claro, tienes que intentar hacer cosas diferentes de las que hacen tus colegas si deseas alcanzar algunos de tus objetivos laborales. En consecuencia, la primera actitud a seguir es la de contradecir a nuestros jefes, compañeros, clientes, etc., cuando la situación así lo requiera ¿De verdad que esto es siempre así? ¿No hay excepciones?

Mucho nos tememos que en más de una ocasión tendremos que adoptar la actitud contraria, por el bien de nuestras expectativas de supervivencia y desarrollo profesional. Oponernos a nuestro entorno, defender ideas valientes o exhibir posturas innovadoras, a menudo conlleva riesgos difíciles de asumir, especialmente si aún no has logrado labrarte una sólida posición profesional.

La sabiduría popular está llena de serenas llamadas a seguir las convenciones y mantener una actitud conformista. Ya sabes, ‘allá donde fueres, haz lo que vieres’; ‘el que se mueve no sale en la foto’; ‘procura nadar siempre a favor de corriente’ o intenta no destacar demasiado y mimetizarte con el paisaje que tengas a tu alrededor.

Como nos decía el bueno de Noam Chomsky ‘el conformismo es el camino fácil y la vía al privilegio y el prestigio; la disidencia trae costes personales’.

Seguro que en tu infancia leíste o alguien te narró aquel entrañable cuento de Hans Christian Andersen, ‘El traje nuevo del emperador’, una pícara invitación a la disidencia. En la fábula, todos alababan las excelencias de las inexistentes nuevas vestimentas del emperador, por miedo a parecer necios ante la multitud. En realidad, el monarca desfilaba totalmente desnudo, pero nadie se atrevía a negar una mentira que todo su pueblo defendía, a sabiendas de su falsedad. Ni el mismísimo emperador se atrevió a reconocer que iba desnudo, ni a contradecir a sus súbditos. La moraleja viene a decirnos que las afirmaciones enunciadas por la mayoría no siempre son certeras y a menudo llevan una buena carga de hipocresía o miedo.

Decimos lo contrario de lo que pensamos por temor al rechazo social y evitamos los amenazantes riesgos que conlleva el hecho de ser diferente o pensar diferente. La sinceridad, la coherencia, la credibilidad, la innovación y la diferenciación son, con frecuencia, deportes de riesgo, muy especialmente en el contexto de algunas empresas y organizaciones. Sobre todo si eres un profesional júnior o semi-senior.

El síndrome de Solomon

Algo parecido vino a confirmarnos el prestigioso psicólogo Solomon Asch a mediados del siglo pasado, cuando enunció el popular ‘Síndrome de Solomon’. Tras una larga serie de experimentos, Asch concluyó que ‘La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría’. En otras palabras, cuando acudas a una entrevista de trabajo o incluso cuando comiences en un nuevo empleo, no será nada raro que intentes cambiar mucho de ti para conquistar un lugar en el ecosistema profesional. En términos políticamente correctos, diríamos que se trata de alinearte con los objetivos de tu compañía, de compartir la visión, la misión y los valores de tu empresa, aunque ellos mismos sean los primeros en no sentirlos como propios.

Como decía Oscar Wilde ‘Un poco de sinceridad es algo peligroso; demasiada sinceridad, es absolutamente fatal’. Por ello, no queremos demonizar en lo más mínimo a quienes padecen el llamado ‘Síndrome de Solomon’, que más que una enfermedad es un recurso que utilizamos los profesionales y las empresas para combatir los efectos perniciosos de enfrentarnos con la resistencia al cambio de unos y otros.

En definitiva, no te olvides para nada de tu creatividad y de tu potencial para ser diferente, pero gestiónalo con prudencia en tu carrera profesional. Al menos mientras estés en el papel de ‘David’. Cuando llegues al estatus de ‘Goliat’ podrás tomarte otras licencias, algo más temerarias, novedosas y provocativas. Pero que el éxito no te embriague, tampoco te emociones en exceso…

5 situaciones en las que un coach podría ‘salvarte la vida’

By | Actualidad, wellcomm-coaching | 4 Comments

En los últimos años, los medios de comunicación han contribuido a popularizar el coaching y a los coaches, aunque a costa de transmitir una imagen frívola y desvirtuada de sus funciones y de la aportación positiva que pueden generar sobre personas y organizaciones.

Un coach no es ni un gurú, ni un predicador, ni un imán, ni una persona a la que podamos atribuir poderes excepcionales. En efecto, un coach es un profesional formado y entrenado para ayudar a otras personas, a los profesionales y a las empresas a identificar y alcanzar sus propios objetivos, con base en conocimientos, metodologías y técnicas específicas.

En síntesis, un coach puede servirnos para identificar nuestras metas, acotarlas, definirlas, a la vez que nos ayuda a desplegar nuestros propios recursos y potencialidades. El objetivo final será llegar al punto de destino deseado, tomando como base las decisiones del cliente o destinatario de los servicios de coaching.

Para no generar confusiones, insistiremos de nuevo: un coach no es un ‘conseguidor’, no es alguien que viene a ‘hacer nuestro trabajo’, a ocupar nuestro lugar ni a ahorrarnos esfuerzos.

Un profesional del coaching nos acompañará y creará un espacio de comunicación y colaboración que puede ser de extrema utilidad para maximizar nuestro talento, impulsar el potencial personal y profesional, y llegar con mayor facilidad a nuestros objetivos. Eso si, la toma de decisiones, el esfuerzo y la superación tendrá que aportarla el cliente, aunque sustentado en una valiosa ayuda profesional que le permitirá hacer crecer su rendimiento y explorar nuevos territorios y talentos aún por descubrir.

¿En qué situaciones nos puede resultar útil la ayuda profesional de un coach? Sin duda, son muchos los supuestos en los que el trabajo técnico y el compromiso personal y profesional de un coach pueden ser de impagable valor. Citaremos los casos más característicos:

  1. Me he quedado sin empleo y no sé por dónde empezar: cuando, tras un prolongado período de actividad, un profesional de la comunicación pierde su empleo o fracasa en su proyecto de emprendimiento, el coach es el profesional más indicado para guiar y acompañar en el proceso de reinserción en el mercado laboral.
  2.  Problemas de clima laboral: en ocasiones, una o varias personas padecen períodos caracterizados por el conflicto o por las relaciones insatisfactorias con sus compañeros/as de trabajo, con sus jefes o, en definitiva, con el entorno laboral en el que se desempeñan. La ayuda individualizada y/o colectiva de un coach puede representar una poderosa fuerza para ayudar a los actores implicados a encontrar soluciones prácticas y efectivas.
  3. La motivación se marchó: en aquellos casos en los que sientes desinterés por tu trabajo y cada jornada laboral se convierte en una insidiosa rutina, tu coach podrá impulsarte a encontrar la mejor solución. Repetimos, ello te activará y te orientará, pero no te librará de los inevitables sacrificios y esfuerzos de un proceso así.
  4. Necesito crecer y no sé cómo: en situaciones tan habituales como esta, las técnicas de Coaching te acompañarán, apoyarán y potenciarán tus competencias personales y profesionales. Sentirás como la confianza en ti mismo y la capacidad para asumir nuevos retos se fortalece de forma sólida y consistente. Conseguirás ahuyentar posibles temores o inhibiciones que te impidan poner en juego todo tu potencial.
  5.  Tengo talento, pero no sé dónde lo dejé guardado: es posible que tu trayectoria como estudiante o como profesional te haya aportado indicios claros de que posees talento profesional, poder de comunicación y capacidad de liderazgo. Sin embargo, a la hora de la verdad, no te ves capaz de demostrarlo. Ya llevas unos años de carrera profesional y te sientes estancado y poco valorado, no acabas de progresar ni encontrar responsabilidades o proyectos a tu medida. Todo ello te lleva a dudar de tu talento y a inhibirte de posibles nuevas iniciativas. Tienes miedo. A pesar de tener talento, te has vuelto gris y conservador. Dalo por hecho, necesitas un coach.

Qué es el managing upwards o ‘peloteo inteligente’

By | Actualidad | No Comments

Desde este blog nunca hemos tenido ni la vocación de los gurús, ni la soberbia de los predicadores tecnológicos. Como ya has venido comprobando con el tiempo, nos limitamos a contarte que es lo que está pasando ahí fuera en términos de novedades, tendencias y pautas dentro del mercado de trabajo y de los emprendedores, con referencia en los sectores del marketing, del periodismo, de la publicidad y de la comunicación. A lo más, te transmitimos algunos sencillos y flexibles consejos, fruto de nuestra experiencia colectiva y nuestra particular perspectiva del sector. Esa es la mayor osadía a la que nos atrevemos desde esta publicación.

En la mencionada línea, hoy nos gustaría compartir contigo un supuesto concepto emergente en el mundo de la empresa, aunque a nosotros se nos antoja algo usual, vintage, ancestral y casi rancio. De esas cosas que han existido toda la vida y tú lo sabes. La novedad es que ahora le asignamos un nombre decoroso y lo revestimos de un matiz técnico y supuestamente innovador.

¿Sabes lo que es el managing upwards? No nos andaremos con rodeos, el managing upwards es la extendida práctica profesional de darle coba a tu jefe —o a tu jefa, o a tu cliente, o a cualquier persona con poder e influencias—. En el argot tradicional, managing upwards es ‘pasarle la mano por el lomo’ a tus superiores jerárquicos en la empresa; ‘hacerles la pelota’; adularlos; alabarlos sin motivo aparente; ‘hacerles la rosca’ o lanzarles loas y elogios en cantidades ingentes.

No obstante, el managing upwards trata de añadir algo de ética y de buenas prácticas organizacionales a la vieja y tradicional costumbre del peloteo al jefe. Ese es el principal matiz diferenciador, aunque no estamos del todo seguros de saber diferenciarlo en la realidad cotidiana interna de las compañías de comunicación o de otros sectores. En este sentido, el managing upwards parte de las formulaciones de la inteligencia emocional y del liderazgo transformacional, con el objetivo de construir un clima colectivo de empatía y un rapport beneficioso entre los jefes y los integrantes de su equipo.

En definitiva, el managing upwards también recibe la denominación de ‘peloteo inteligente’, ya que supuestamente persigue el crecimiento profesional y organizacional de los equipos de trabajo. Todo ello a partir del feedback positivo; de la construcción de un clima de confianza y credibilidad recíproco entre líder y colaboradores a través de la comunicación y de incentivar las emociones e interacciones positivas en sentido vertical y horizontal.

Tal vez podamos mirar con otros ojos el concepto de managing upwards si pensamos en prácticas antagónicas. Por ejemplo, si en lugar de hablar bien de nuestros jefes y colaboradores, nos dedicamos a intrigar, a lanzar rumores negativos o a criticarlos a sus espaldas, seguro que nada bueno podremos esperar en nuestros equipos de trabajo.

Tratando de mantener una mínima coherencia con los modelos más actuales de Management, si filtramos las prácticas tradicionales de adulación al superior por el tamiz de la inteligencia colectiva y de los modelos de Liderazgo 3.0, a buen seguro que deduciremos actitudes y comportamientos beneficiosos para el bienestar de los profesionales y para la construcción de un clima laboral gratificante, a la vez que productivo.

En última instancia, la decisión es tuya: ¿Qué prefieres? Hablar mal de todos y quejarte por sistema o tratar de ver el lado bueno de las cosas y alentar las actitudes positivas de tus jefes y compañeros.

Foto: Forbes

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