Miserias y vicios de las reuniones de trabajo

By 22/07/2016Actualidad

reuniones trabajo inútilesPor desgracia, es frecuente que recordemos buena parte de nuestras reuniones de trabajo como una miserable y lastimosa pérdida de tiempo y de energía. Aunque nos provoque inquietud reconocerlo, no abundan los profesionales capaces de planificar y liderar eficazmente reuniones con un mínimo de rigor y de sentido común.

La verdad, no hace falta ser Peter Drucker ni Stephen Covey para organizar una pequeña reunión de trabajo, pero a menudo dejamos nuestra inteligencia en el guardarropa y nos entregamos a una vorágine de despropósitos y desatinos cuando se trata de trabajar un rato en grupo, dialogando alrededor de una mesa.

El primer punto crucial a considerar es para qué sirve una reunión, cuál es el objetivo que nos ha llevado a convocarla y a ‘secuestrar’ el tiempo y el ánimo de varios de nuestros compañeros/as por espacio de una, dos, tres o ¡más horas…!

Una reunión puede convocarse para:

  • Informar
  • Formar
  • Recabar información que aportan los/as participantes
  • Intercambiar puntos de vista
  • Llegar a un acuerdo
  • Tomar decisiones
  • Resolver un conflicto
  • Generar nuevas ideas
  • Cohesionar el grupo y aumentar su nivel de motivación
  • Ofrecer feedback a los/as participantes respecto de su trabajo

En consecuencia, si estás pensando convocar una reunión profesional que no responde a alguno de los mencionados objetivos u otro similar, te sugerimos que lo valores durante unos minutos y consideres la posibilidad de inhibirte y dejar en paz de tus colegas, jefes y/o colaboradores. Olvida la reunión, ya tendrás ocasión de convocarla cuando sea realmente necesaria.

Fijar objetivos concretos

Pero, ¿por qué nos somos proclives a organizar reuniones inútiles que socavan la productividad y el clima de trabajo de una empresa? En efecto, con frecuencia, se programan reuniones que carecen de un objetivo operativo concreto y fundamentan su realización solo en razones psicológicas, sociales, caprichosas o meramente egocéntricas. Por ejemplo, es habitual que recuerdes haber tomado parte en reuniones totalmente superfluas en las que el único objetico reconocible era:

  • Cumplir con un ritual
  • Transmitir sensación de ‘dinamismo y eficacia’
  • Demostrar autoridad
  • Justificar una decisión ya tomada con anterioridad
  • Etc.

Lamentablemente, una estimable proporción de mandos intermedios, líderes organizacionales, jefes, barandas, prebostes, gurús y jerifaltes utilizan las reuniones para encubrir o soslayar algunas carencias en sus competencias profesionales más elementales e incurren en:

  • Falta de destrezas para afrontar el trabajo individual
  • Carencias personales para tomar decisiones en solitario
  • Gusto por la agitación
  • Búsqueda de interacción social
  • Etc.

En definitiva, cabe afirmar que las reuniones han de ser un instrumento útil para facilitar el trabajo colaborativo y nunca una argucia para ocultar carencias profesionales individuales o hacer valer posiciones de liderazgo autoritario. Una reunión a destiempo o inadecuadamente liderada supone una notable merma en la productividad individual de quienes la comparten, al tiempo que contamina e intoxica el clima laboral.

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