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julio 2016

Miserias y vicios de las reuniones de trabajo

By | Actualidad | No Comments

reuniones trabajo inútilesPor desgracia, es frecuente que recordemos buena parte de nuestras reuniones de trabajo como una miserable y lastimosa pérdida de tiempo y de energía. Aunque nos provoque inquietud reconocerlo, no abundan los profesionales capaces de planificar y liderar eficazmente reuniones con un mínimo de rigor y de sentido común.

La verdad, no hace falta ser Peter Drucker ni Stephen Covey para organizar una pequeña reunión de trabajo, pero a menudo dejamos nuestra inteligencia en el guardarropa y nos entregamos a una vorágine de despropósitos y desatinos cuando se trata de trabajar un rato en grupo, dialogando alrededor de una mesa.

El primer punto crucial a considerar es para qué sirve una reunión, cuál es el objetivo que nos ha llevado a convocarla y a ‘secuestrar’ el tiempo y el ánimo de varios de nuestros compañeros/as por espacio de una, dos, tres o ¡más horas…!

Una reunión puede convocarse para:

  • Informar
  • Formar
  • Recabar información que aportan los/as participantes
  • Intercambiar puntos de vista
  • Llegar a un acuerdo
  • Tomar decisiones
  • Resolver un conflicto
  • Generar nuevas ideas
  • Cohesionar el grupo y aumentar su nivel de motivación
  • Ofrecer feedback a los/as participantes respecto de su trabajo

En consecuencia, si estás pensando convocar una reunión profesional que no responde a alguno de los mencionados objetivos u otro similar, te sugerimos que lo valores durante unos minutos y consideres la posibilidad de inhibirte y dejar en paz de tus colegas, jefes y/o colaboradores. Olvida la reunión, ya tendrás ocasión de convocarla cuando sea realmente necesaria.

Fijar objetivos concretos

Pero, ¿por qué nos somos proclives a organizar reuniones inútiles que socavan la productividad y el clima de trabajo de una empresa? En efecto, con frecuencia, se programan reuniones que carecen de un objetivo operativo concreto y fundamentan su realización solo en razones psicológicas, sociales, caprichosas o meramente egocéntricas. Por ejemplo, es habitual que recuerdes haber tomado parte en reuniones totalmente superfluas en las que el único objetico reconocible era:

  • Cumplir con un ritual
  • Transmitir sensación de ‘dinamismo y eficacia’
  • Demostrar autoridad
  • Justificar una decisión ya tomada con anterioridad
  • Etc.

Lamentablemente, una estimable proporción de mandos intermedios, líderes organizacionales, jefes, barandas, prebostes, gurús y jerifaltes utilizan las reuniones para encubrir o soslayar algunas carencias en sus competencias profesionales más elementales e incurren en:

  • Falta de destrezas para afrontar el trabajo individual
  • Carencias personales para tomar decisiones en solitario
  • Gusto por la agitación
  • Búsqueda de interacción social
  • Etc.

En definitiva, cabe afirmar que las reuniones han de ser un instrumento útil para facilitar el trabajo colaborativo y nunca una argucia para ocultar carencias profesionales individuales o hacer valer posiciones de liderazgo autoritario. Una reunión a destiempo o inadecuadamente liderada supone una notable merma en la productividad individual de quienes la comparten, al tiempo que contamina e intoxica el clima laboral.

El principio de parsimonia y los gurús mediáticos

By | Liderazgo | No Comments

principio de parsimoniaAllá por el siglo XIV, el histórico filósofo y fraile franciscano británico Guillermo de Ockham propuso un postulado básico universal que ha logrado llegar casi indemne y vigente al siglo XXI, aunque muchos se empeñen en ignorarlo.

Así es, hace unos setecientos años, Fray Guillermo de Ockham formuló el ‘Principio de Parsimonia’, que viene a decir que en la ciencia y en el conocimiento las explicaciones más sencillas son, probablemente, más correctas que la más difíciles y complejas.

Según las recomendaciones de aquel lúcido pensador medieval, para enunciar una explicación o una solución hay que partir del menor número posible de suposiciones. El ‘Principio de Parsimonia’ es también conocido con las denominaciones de ‘Navaja de Ockham’ o ‘Principio de la Economía’, por su inclinación a prescindir de todo lo superfluo y concentrarnos en lo fundamental cuando se trata de solucionar problemas, así como predecir o explicar realidades de cualquier tipo. En todo caso, los datos empíricos han de ser siempre la referencia para ello.

Lo cierto es que en los últimos 7 siglos casi todos los científicos, pensadores, filósofos, expertos, gurús o estudiosos de la epistemología le han dado la razón al bueno de Guillermo de Ockham, aunque en la práctica hayan hecho justo lo contrario. No podemos negar que la complejidad artificiosa e inútil ha sido un hábito muy extendido, hasta el extremo de crear un verdadero ‘mercado paralelo’ de divulgadores, comunicadores y chamanes del conocimiento. En efecto, si escribes o dices algo muy complejo o difícil de entender, tu cotización profesional aumentará dentro de los círculos más selectos de las diferentes comunidades académicas o científicas. Como contrapartida, todo ello crea la necesidad de que existan predicadores y comunicadores carismáticos, encargados de transmitir todos estos privilegiados saberes a la chusma ignorante, de la que formamos parte el resto de los mortales. No hay que ser muy perspicaz para observar como estos ‘intermediarios’ crean un filtro que no siempre es riguroso ni fiel con la veracidad o el sentido auténtico de los conocimientos científicos originales, más bien todo lo contrario.

Es innegable que la especialización es necesaria y el 100% del conocimiento no puede ser comprendido con facilidad por todo el mundo. Pero tampoco nos ayudan nada los mercaderes de las medias verdades, los vulgarizadores más o menos groseros, ni tampoco los sabelotodos omniscientes y omnisapientes.

Cuando hablamos de empresa, de liderazgo, de dirección y desarrollo profesional de las personas, no estamos hablando de un mundo aparte, ni mucho menos. Aquí también hay multitud de amantes de las teorías farragosas e inútiles, con la correspondiente horda añadida de charlatanes de feria o mercachifles de la comunicación mediática.

El gran principio del management

Hace 30 años, Michael Leboeuf, profesor de dirección empresarial de la Universidad de Nueva Orleans formuló el ‘Gran Principio del Management’, que viene a decir que las personas solo hacemos aquellas cosas que nos deparan alguna compensación, sea en forma de recompensa (económica, emocional o de otro tipo) o bien suponga evitar un castigo (aburrimiento, sanción, despido, mobbing, humillación, etc.). Este ‘Gran Principio del Management’ ha adquirido su grandeza con base en su sencillez y en su capacidad para generar preguntas, curiosidad y nuevas líneas de estudio e investigación a lo largo de tres décadas. Es un excelente ejemplo que muy bien podrían tomar en consideración tantos y tantos temerarios gurús que inundan la red de enunciados variopintos sobre comunicación, Management, Recursos Humanos o supuestas técnicas de excelencia para emprender o encontrar empleo.

Incluso a la hora de divulgar la ciencia, el conocimiento especializado o algunos aspectos complejos de la actualidad, es necesario adoptar una actitud honesta, rigurosa y respetuosa, tanto con los propios contenidos a difundir, como con la audiencia a la que nos dirijamos en cada momento.

Seiscientos años y pico separan a Guillermo de Ockham de Michael Leboeuf. Sin embargo, los unen estrechamente la sensatez, la responsabilidad y el sentido común.

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