Qué es la Industria 4.0

By 07/04/2015Actualidad

Llevamos ya alrededor de dos décadas reflexionando y elucubrando en torno a la revolución digital, las renovadas formas de organización del trabajo y las nuevas tecnologías del conocimiento y de la información. La verdad, ya todo se nos vuelve un tanto cansino hasta el extremos del hartazgo.

Sin el menor rubor, escuchamos y leemos sesudas referencias que tildan de novedad a paradigmas, modelos, hábitos y tendencias que ya están fuertemente enraizadas en el devenir cotidiano de una buena parte de las empresas, los profesionales, las administraciones públicas y los usuarios, en general. Es una completa memez y un insulto a la inteligencia de tu audiencia si intentas defender que las redes sociales o las prácticas del Social Media Marketing (SMM) son una rabiosa novedad, sin ir más lejos.

Lo que se suele calificar como ‘nuevo’ ya no es tan nuevo, máxime si tomamos en consideración que un gran porcentaje de la población o de las compañías del primer mundo -incluso del segundo…- están razonablemente familiarizadas con la Web 2.0, con los medios sociales online y, sobre todo, con los dispositivos móviles con acceso a Internet. En efecto, no podemos pasarnos media vida presumiendo del invento de la rueda, cuando ya todos hemos desgastado una ingente cantidad de neumáticos. Además, lo que es más importante, este discurso ajado y rancio distrae nuestra atención de las verdaderas novedades con potencial de cambio social o de transformación del tejido productivo.

Por ejemplo, nos gustaría oír hablar con más frecuencia e intensidad de la digitalización de la cadena de valor, un progresivo y complejo proceso que ya está impulsando fuertes cambios, casi sin hacer ruido. No nos damos cuenta, pero las tecnologías están facilitando el intercambio continuo de información entre personas, máquinas, empresas y mercados, en lo que ya se denomina ‘Industria 4.0’ o ‘Empresa 4.0’. La inversión, el conocimiento, las personas, el dinero y los proyectos empresariales parece que se están moviendo hacia un horizonte que alterará competencias, procedimientos de trabajo y hábitos de consumo globales a corto plazo.

Es cierto que aún todos andamos un tanto perplejos y embobados con las posibilidades de una simple impresora 3-D. Lo mismo sucede con el presunto poder omnímodo de las aplicaciones de la aplicación Big Data o con los últimos avances reales del denominado ‘Internet de las cosas’.

El término ‘Industria 4.0’ fue acuñado por Mark Watson, alto ejecutivo de la firma alemana IHS, y viene a decirnos que el reto para la 4ª revolución industrial es el desarrollo de software y sistemas de análisis que sean capaces de transformar el enorme volumen de datos producidos por las empresas, las fábricas, los clientes, los usuarios y los mercados en información útil y valiosa para todos.

La construcción de la ‘Industria 4.0’ conlleva la incorporación de una mayor flexibilidad e individualización de los procesos de producción. Se trata de generar riqueza, bienestar, empleo y valor añadido organizando, analizando y explotando todo el océano de datos a los que una empresa al uso podría tener acceso. Cualquier compañía puede acceder a millones de datos de sus clientes pasados, presentes y futuros, de la misma forma en la que cualquier profesional o consumidor puede conocer con agilidad múltiples datos sobre compañías en las que trabajar, productos para consumir o servicios de todo tipo que necesite contratar.

Algunos opinadores o expertos contemplan todo este proceso como una amenaza o una pérdida del derecho a la intimidad. Posiblemente muchos de esos expertos que demonizan los conceptos de ‘Industria 4.0’, ‘Empresa 4.0’ o Big Data tienen un perfil parecido a aquellos que creen que las redes sociales, la Web 2.0 o la reputación digital son ‘fenómenos nuevos’ que confirman el perverso poder de Internet.

Por supuesto, el debate está abierto y seguirá estándolo durante bastante tiempo, nosotros no somos nadie para cerrarlo. No obstante, sí nos permitiremos recordar que es imposible poner ‘puertas al campo’, aunque si podemos investigarlo, disfrutarlo y protegerlo de forma sostenible. Algo similar ocurre le ocurre a Internet y a sus ‘pobladores’…

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