Modernidad líquida, empleo líquido

By 27/02/2015Actualidad

Como en su día sugirió Zygmunt Bauman ‘Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran; mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados’ (1).

Hace ya tres lustros, el prestigioso sociólogo polaco Zygmunt Bauman (Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010) acuñó un concepto que, con el paso de los años, alcanzó naturaleza predictiva e incluso premonitoria. En 1999, Bauman nos habló por primera vez de la ‘modernidad líquida’, como metáfora de los cambios sociales incesantes que acabarían desembocando en esta crisis financiera internacional, que muchos han reconocido como crisis sistémica. Los estados, los mercados, el comercio internacional, las instituciones, las empresas, las profesiones, el empleo o el trabajo han dejado definitivamente de ser una realidad ‘sólida’ con forma y características estables o reconocibles.

Como predijo Zygmunt Bauman, vivimos en entornos sociales, económicos y profesionales ‘líquidos’, en los que impera la transitoriedad, la carencia de certezas sobre el futuro y la imposibilidad casi absoluta de vaticinar tendencias o prever escenarios, aunque sea con muy poca anticipación. Los líquidos cambian de forma, de sentido, de fuerza y de flujo constantemente, casi a capricho. En efecto, no nos queda otra opción que dar la razón a los trabajos ‘proféticos’ de Zygmunt Bauman y asumir que las relaciones profesionales y las oportunidades de empleo o de negocio fluyen de forma precaria, incierta e imprevisible. Si tienes en casa tu particular bola de cristal, úsala como objeto decorativo, porque ya no te servirá para predecir nada.

Por citar tan solo algunos ejemplos obvios: nos hemos pasado media vida tratando de contener la inflación y ahora las instituciones europeas ponen en juego denodados esfuerzos para elevarla al 2% durante 2015, para conjurar el riesgo de la deflación.

Por otro lado, en 1973 estalló una de las peores crisis económicas globales que se recuerdan con base en una descomunal subida de los precios del petróleo; en los últimos meses, el desplome inducido de los precios del crudo es utilizado como arma geopolítica y pone en peligro la estabilidad de un buen número de sectores de la actividad económica.

Como ejemplo último mencionaremos como ahora el crecimiento económico ha dejado de guardar una relación más o menos directa con la creación de empleo. En otras palabras, empleo sólido hay cada vez menos, pero trabajo líquido, inestable, cambiante e imprevisible hay cada vez más. Puedes trabajar, eso sí, pero vete olvidando de conseguir un empleo, en el sentido más estable y tradicional.

Tu carrera profesional pasa necesariamente por adaptarte a este entorno de modernidad líquida, en el que la libertad individual ha dejado de ser un derecho para convertirse en una forzosa obligación. Nadie va a venir a ‘sacarte las castañas del fuego’ o a brindarte un desarrollo de carrera profesional a la medida de tus necesidades y tus expectativas.

Lo mejor es que te inventes, te reinventes, abandones tu zona de tortuoso confort o te busques la vida como puedas -y mira que odiamos semejantes expresiones…-.

Búscate ya tu propia tabla y comienza a surfear en un mercado laboral en el que solo encontrarás trabajo líquido. En solitario o en compañía de otros, tú decides. Y date prisa, antes que la próxima marea se convierta en incontenible tsunami.

(1) Bauman, Zygmunt. ‘Modernidad líquida’. Ed. Fondo de Cultura Económica. México DF (2003)

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