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enero 2015

Nadie tuiteará por nosotros cuando hayamos muerto

By | Actualidad | One Comment

Cuando mencionamos las redes sociales, lo normal es pensar en comunicación, marketing digital, marcas, publicidad o estrategias empresariales para la comercialización de productos y servicios online.

Pero las redes sociales han entrado a formar parte de nuestra vida cotidiana, más allá de los negocios o de la actividad de los profesionales del sector. Obviamente, todo ello está generando nuevos escenarios, situaciones desconocidas y una casuística que nos sorprende cada día, con renovados fenómenos.

Sin ir más lejos, ¿Qué sucede con los perfiles de usuarios en redes sociales de las personas que fallecen? Este es un interrogante que está alcanzando cada vez más trascendencia social, en función de su mayor incidencia. No en balde, sí una cuarta parte de la humanidad usa la redes sociales a diario, parece lógico que preocupe a muchos y que otros vean aquí una necesidad no resuelta y una posible oportunidad de negocio. Sin duda, ambas están presentes.

En efecto, cuando se afronta la pérdida de un ser querido, los familiares más directos del fallecido suelen preguntarse qué hacer con sus cuentas de Twitter, Facebook, Instagram, etc. Es inevitable que se generen dudas y sentimientos controvertidos.

En algunos casos se opta por conservar los perfiles, a modo de homenaje perdurable a la persona que nos dejó. Como contrapartida otras familias que se enfrentan a un duelo se inclinan por eliminar la denominada ‘huella digital’ del finado y no dejarla a la deriva de la red o sumida en el abandono o en el desuso. O peor aún, que la cuenta sea hackeada y utilizada para objetivos dudosos.

Las redes sociales más populares no nos ponen nada fácil cancelar la cuenta de una persona fallecida, salvo que dispongamos de los datos personales de acceso, como password, login y acceso a la cuenta de email asociada para confirmar la baja. Por supuesto, de todas y cada una de las redes sociales o servicios análogos que utilizó en vida.

Sin entrar en detalles, Facebook, Twitter, Instagram, etc. suelen pedirnos engorrosos y molestos trámites que suponen el envío por fax o email de partidas de defunción, documentación que certifique nuestra relación legal o patrimonial con la persona fallecida, copias de documentos de identidad, etc. Semejante proceso no se resuelve con agilidad y ya ha provocado numerosas situaciones de desasosiego, insatisfacción, contrariedad e inquietud emocional entre quienes han de realizar otros muchos trámites y gestiones legales, inevitables cuando alguien cercano deja de existir.

Cada vez son más las empresas especializadas que se ofrecen a realizar este molesto trámite en nombre y representación de los interesados, conformando un modelo de negocio impensable hace apenas dos o tres años. Incluso ya un buen número de las más reputadas compañías que comercializan seguros de decesos (los tradicionales ‘seguros de entierro’) ofrecen en sus servicios la opción de gestionar la eliminación de los perfiles y cuentas en redes sociales de los asegurados fallecidos.

Tal vez lo deseable sería que los responsables de las redes sociales líderes fueran más sensibles con las situaciones descritas precedentemente.

Como consejo práctico, no estaría de más que todos intentáramos conservar los datos de acceso a las redes sociales y servicios digitales que utilizamos en un documento impreso, sin archivo digital de respaldo, es decir imposible de hackear por su formato solo en papel. En este documento, solo en formato impreso y bien custodiado, cabría también incluir nuestros datos de acceso a banca online, portales de empleo, claves de tarjetas de crédito, cuenta de PayPal, cuentas de Amazon o portales de compra online, etc. Indudablemente, no hay ninguna necesidad de pensar en el fin de nuestros días para ponderar la utilidad y el valor de esta sencilla precaución. Cualquiera puede olvidar un password o perder la información del disco duro de su ordenador, tablet o smartphone. Mejor prevenir.

De momento, será positivo que nos ocupemos de la seguridad de nuestros datos, si queremos tener la certeza de que nadie tuiteará por nosotros cuando hayamos muerto.

Whatsapp, el sexto sentido

By | Actualidad | One Comment

Da igual que seas profesional de la comunicación, periodista, estibador portuario, runner, nini o subinspector de la Agencia Tributaria. Casi todo el mundo ha convertido a Whatsapp en su ‘sexto sentido’, en su ventana a la comunicación, a la interacción y al ocio. De alguna forma, percibimos el mundo y nos relacionamos con nuestro entorno a través de Whatsapp, aunque todavía no seamos del todo conscientes de ello.

Según las conclusiones del último Informe SIE, promovido Fundación Telefónica, consultamos nuestros smartphones un promedio de 150 veces cada día, lo que supone un promedio de una vez cada 10 minutos, tomando en consideración el tiempo de sueño y de vigilia distribuido en cada jornada. Esta encuesta no revela datos respecto al tiempo o las consultas específicas que dedicamos a Whatsapp, aunque muy probablemente la tendencia al alza haya hecho que los datos mostrados aumenten considerablemente en frecuencia desde que se dio a conocer el citado informe. Sin duda, la inmediatez de este servicio semi-gratuito de mensajería ha logrado elevarlo al Olimpo de las app.

Si no tienes Whatsapp instalado en tu móvil, no tendrás más remedio que asumir que formas parte de un universo ajeno a las redes de comunicación utilizadas casi continuamente por el resto de los mortales. Si es este tu caso, más te vale desarrollar algún otro ‘sexto sentido’ que te permita entrar en contacto con tu realidad. En otras palabras, si no usas Whatsapp cada día, formas parte de ‘los otros’, aunque pienses que este servicio es una tortura y que los raritos son los demás y no tú.

Sin embargo, son muchos los profesionales de la publicidad y de la comunicación que aún no llegan a valorar el potencial de Whatsapp como herramienta de Marketing online. Sin ir más lejos, los usuarios de Facebook, Twitter, Instagram o Pinterest ya comienzan a mostrar ciertos signos de hartazgo y de saturación por el elevado volumen de impactos recibidos cada día. Ya se sabe, si tienes un buen puñado de amigos o followers, cada mensaje promocional se convierte en una gota de agua irrelevante, dentro de un proceloso mar de ofertas, invitaciones, fanpages, tuits de autobombo o muros que intentan vendernos de casi todo.

Es innegable que aún consultamos con incertidumbre e interés nuestro smartphone cada vez que sentimos la alarma de Whatsapp. Este hábito constatable ha sido tomado como base por un buen número de servicios de Whatsapp marketing, que ofrecen a las empresas y agencias de comunicación la posibilidad de lanzar mensajes masivos a grandes grupos de usuarios a partir de bases de datos segmentadas. Estos servicios de Whatsapp marketing, aún en su etapa inicial, tratan de no ser intrusivos ni invasivos, con base en la citada segmentación y en la inclusión de contenidos originales, atractivos, únicos y relevantes para los potenciales clientes o usuarios de los servicios o productos ofertados. Estos contenidos pueden ser de texto, imágenes, audios, vídeos, etc.

Algunos ejemplos significativos de buenas prácticas de Whatsapp marketing los encontramos en firmas tan populares como Hellmans con WhatsCook, Helados Frigo, Toyota o incluso pequeños negocios, como la popular tienda de bocadillos Casa Ana, de Jaén, o la Pescadería Diego de Cádiz. El relativo bajo coste de este potencial de Whatsapp ha logrado incluso que modestas tiendas de barrio alcancen cotas de repercusión mediática impensables, con relación a la inversión realizada.

De todas formas, si estás pensando atreverte con alguna acción o campaña de Whatsapp marketing, será mejor que la diseñes concienzudamente y seas escrupuloso en el seguimiento de buenas prácticas. Nada de ser invasivo o intrusivo. De lo contrario, tus potenciales usuarios te obligarán a recitar esa letanía de ‘en ocasiones veo clientes perdidos’, parafraseando la legendaria frase que pronunciara el actor Haley Joel Osment en el film ‘El sexto sentido’.

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