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diciembre 2014

Trece consejos para convertirte en un gurú de Twitter

By | Actualidad | 3 Comments

Seguro que alguna vez has leído u oído decir que Facebook es una herramienta compleja para gente ‘sencilla’ y que Twitter es una herramienta sencilla para ‘personas inteligentes’. En efecto, es uno de los tópicos más enraizados en la sabiduría popular o en la ignorancia general (según se mire…) respecto de las redes sociales y el uso que de ellas se hace.

Las personas ‘VIP’, los famosos, las ‘celebrities’, los aspirantes a grandes comunicadores y los gurús del marketing o del periodismo tienen su cuenta en Twitter y les gusta presumir de ella y utilizarla como altavoz mediático, sabedores de su potencial repercusión en otros medios de comunicación, digitales y tradicionales. A buen seguro que alguna vez has deseado poder convertirte en un idolatrado gurú de Twitter.

Con frecuencia oirás a personajes reconocibles, con méritos y sin ellos, hablar de que ‘han publicado en su Twitter’ tal o cual cosa. Sin embargo será muy raro que escuches a algún experto o famosete de relumbrón decir que ha difundido una primicia o un nuevo proyecto en su Facebook. Está claro que para la jet de la comunicación lo que mola es el binomio de Twitter e Instagram. Facebook se queda para la gente de a pie o para las firmas y marcas que venden productos o servicios de consumo masivo. Si eres un gurú o aspiras a serlo, no pierdas el tiempo en Facebook, comienza a trabajarte con intensidad y dedicación tu cuenta de Twitter desde este mismo minuto.

Querido profesional de la comunicación, es posible que ya cuentes con tu cuenta de Twitter, pero seguro que aún tienes mucho trabajo pendiente hasta poder alcanzar la condición de gurú de medio pelillo. Aquí vamos a formularte unas humildes pautas y consejos que te ayudarán a subir puestos en el escalafón tuitero y mejorar sensiblemente tus expectativas profesionales y tu marca personal, aunque algunas de ellas te parezcan cínicas, pretenciosas e hipócritas. El mundo y las redes sociales son así, nosotros no las hemos inventado, muy a nuestro pesar.

Si quieres convertirte en un gurú de Twitter, estas son nuestras recomendaciones:

  1. Tuitea poco. Con dos o tres tuits diarios será más que suficiente.
  2. Si haces retuits de otras cuentas, que siempre sea de usuarios con mucho más caché y prestigio que tú. No pierdas el tiempo retuiteando a mindundis o gente anónima, por muy interesante que sea lo que comuniquen.
  3. De vez en cuando compra unos miles de followers, pero procura que sean usuarios auténticos que publiquen sus tuits habitualmente en español o en inglés, que no sean bots ni cuentas falsas que tuitean en árabe o en chino. Con los mercaderes de followers ocurre lo mismo que con los narcotraficantes, los hay que te venden ‘buen género’ y otros que te colocan mercancía adulterada o dudosa.
  4. En tu perfil indica que resides en varias ciudades de referencia. Que vas de aquí para allá. Por ejemplo, te dará mucho lustre indicar que vives en Madrid-London-Boston. Dejarás a tu audiencia boquiabierta.
  5. Ni se te ocurra seguir a mucha gente, nunca más de cien o doscientos, frente a varias decenas de miles de followers que deberás alcanzar en unos pocos meses, por lo civil, por lo criminal o por lo militar.
  6. Nunca hagas retuits de políticos ni de sindicalistas. Eso tiene cero glamour y te encasillarán rápidamente. Eso no te conviene nada, ni con políticos de corbata, ni con sindicalistas de jersey, ni con políticos de coleta.
  7. Con frecuencia menciona que estás tuiteando desde aeropuertos de ciudades remotas y de referencia.
  8. Cuando veas un evento internacional importante en televisión (algo de la ONU, de la OTAN, de la UNESCO, de Amnistía Internacional, de Green Peace, de Hollywood, etc.), toma una foto de la pantalla con tu smartphone y la tuiteas, diciendo que eres uno de los invitados. Ten cuidado que no se vean en la foto el logo de la cadena o los brillos de la pantalla. Si usas un smartphone barato, ni se te ocurra.
  9. Por sistema, adjudícate todos los trending topics, afirma que todos surgieron a partir de un tuit tuyo de esa misma mañana.
  10. Tuitea frases incomprensibles o enigmáticas, que hagan pensar a tu audiencia y despierten su curiosidad, aunque carezcan de sentido. Da igual que sean verdaderas memeces, pleonasmos o sentencias medio plagiadas. Algunos ejemplos: ‘La postura española es la postura española’ (Fernando Morán dixit, Q.E.P.D.) o ‘Tiene la sensatez de las cosas sensatas’ (lo dijo ‘Óscar Alzaga, ministro y jurista de hace tres décadas, pero nadie lo recordará).
  11. Opina sobre libros que no hayas leído o que aún no se hayan publicado. Lo mismo puede aplicarse a los estrenos cinematográficos.
  12. Copia buenos tuits recientes brillantes e interesantes y adjudícate su autoría. Por la cara, sin más…
  13. Si te equivocas lo más mínimo, borra tu tuit inmediatamente y niega haberlo publicado. Échale la culpa a algún Hacker. Si te ves muy apurado, también puedes culpar a tu Community Manager o a tu becario, aunque no tengas donde caerte muerto.

¡Ánimo Gurú y mucho éxitos! 😉

Por cierto, feliz día de los inocentes!!!

Foto: Raúl Olivan

Trabajo Freelance: decálogo de amenazas que acechan al profesional autónomo

By | Actualidad | No Comments

Si te desempeñas dentro de la comunicación, del periodismo o del marketing, seguro que tienes alguna percepción más o menos clara de lo que significa ser un profesional freelance, tal vez porque tú mismo trabajas por cuenta propia o porque tienes referencias de compañeros o conocidos que generan ingresos a base de prestar servicios a diferentes clientes.

Vamos a hablar de profesionales freelance de la comunicación, pero sin caer en los extremos, en los consabidos tópicos del éxito, el fracaso, el emprendimiento, la independencia o la pretenciosamente denominada ’emoción emprendedora’.

Más bien queremos fijar nuestra atención en todos esos miles de periodistas autónomos y anónimos que no son gurús; que no conceden entrevistas a medios de relumbrón; que no publican libros; que dedican al trabajo doce o más horas diarias, casi de lunes a domingo; que no tienen cincuenta mil followers en Twitter y que apenas disponen de tiempo disponible para actualizar sus perfiles en LinkedIn.

En definitiva, queremos dar hoy protagonismo a la inmensa mayoría de los comunicadores freelance, al grueso de los trabajadores autónomos del marketing y del periodismo.

Lamentamos tener que expresarlo con semejante crudeza descarnada, pero la condición de freelance casi siempre es una ‘enfermedad’, una ‘patología’ social y laboral con síntomas claros y fácilmente identificables. ¿Cuáles son tales síntomas? ¿De qué correlatos fisiológicos, sociales y emocionales estamos hablando? Vamos a mencionar algunos de ellos, ya que no disponemos de tiempo ni espacio para escribir una monografía sobre los males del francocomunicador, del profesional del sector que quiere o se ve forzado a ‘ir por libre’:

1. El freelance habitualmente trabaja en su propio domicilio (teletrabajo) o en una pequeña oficina alquilada o compartida. Suele padecer amplios períodos de confinamiento e inmovilidad.

2. El profesional freelance cuando tiene muchos proyectos entre manos tiene que dedicar muchas horas al trabajo, a menudo en solitario. Cuando escasea el trabajo o faltan proyectos o clientes con los que generar ingresos, el comunicador autónomo se ve forzado a dedicar bastante tiempo a buscarlos, a vender. Con frecuencia esta acción comercial se lleva a cabo a través de Internet, sin abandonar la mesa de trabajo o el despacho. Hay que dedicar muchas horas, te vaya bien o te vaya mal.

3. El comunicador freelance apenas dispone de tiempo para cuidar su bienestar, hacer ejercicio físico o darse un respiro. Si esta situación se prolonga, la salud acaba pasando factura.

4. El francocomunicador o freelance de la comunicación que trabaja en las condiciones mencionadas (la mayoría) suele padecer alteraciones de la salud que son fruto de su propio y obligado estilo de vida: estrés, agotamiento intelectual, problemas músculo-esqueléticos por la inactividad, obesidad, hipertensión, psoriasis, trastornos del sueño, disfunciones de la atención y un amplio, diversificado y variable espectro de amenazas para la salud. No hay dos casos iguales, por supuesto.

5. El periodista o comunicador freelance es una víctima de la Ley de Parkinson, formulada por Cyril Northcote Parkinson, y que dice, en síntesis, que ‘cualquier tarea tiende a ocupar todo el tiempo disponible para finalizarla’. Se apuran los plazos de cualquier proyecto y todo se hace a última hora. Casi cada día finaliza algún plazo para algún hito importante de un cliente, lo que conduce a una espiral de presión difícil de sobrellevar durante demasiado tiempo.

6. El freelance casi nunca (o nunca) puede tomar vacaciones.

7. El profesional autónomo encuentra serias dificultades para llevar una vida social dentro de la normalidad, por aislamiento, excesivo flujo de trabajo, deficiente gestión del tiempo e imprevisibilidad. Todo ello desemboca en niveles de motivación bajo mínimos, equiparables a los de un ludópata en los Emiratos Árabes Unidos.

8. Como hemos sugerido anteriormente, el comunicador autónomo suele ser un gestor de su productividad manifiestamente mejorable, por la propia naturaleza de su actividad. La procrastinación, la Ley de Parkinson y la dificultad para prever sus flujos de trabajo le llevan a trabajar por las noches, los fines de semana o las fechas festivas más señaladas del calendario. Todo ello genera un círculo vicioso pérfido e insufrible: a peor gestión del tiempo, mayor agotamiento, mayor procrastinación, más distracciones y menos tiempo libre. La excelencia se resiente. Y mucho. No podemos culparle por ello.

9. El freelance procrastina, se distrae, le cuesta gestionar su tiempo y su productividad por puro agotamiento. Por supuesto, a ello también ayuda la dificultad para planificar a medio plazo, ya que los encargos de trabajo y proyectos de clientes vienen y van, de forma abrupta e inesperada. Nunca sabes qué trabajo tendrás dentro de tres meses, a veces ni tan siquiera el mes próximo o la semana próxima.

10. Tal y como afirmamos con anterioridad, el freelance padece una ‘enfermedad’, pero no puede enfermar, ya que eso significaría no trabajar, no facturar, perder ingresos, perder clientes y ver de cerca el siniestro rostro del fracaso y de la ruina inminente.

¿Eres freelance? ¿Cuántos de estos síntomas padeces…? Por contra ¿qué ventajas tiene trabajar como autónomo?

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