Los micromachismos y la casa de la rubia

Lucia Martín es periodista freelance , colaboradora habitual de Esquire, Forbes, Diario abierto, entre otros. El próximo 25 de junio presenta su nuevo libro “El sexo de Lucia”

“El domicilio de la rubia”. Espera, que no sé si he leído bien. Vuelvo para atrás en el texto, releo y me froto los ojos. Sí, en efecto pone el domicilio de la rubia. Vaya. La rubia en este caso es la novia de Pablo Iglesias, que no hace falta que os expliqué quién es tras los resultados de las elecciones del 25 M. Y la “noticia”, por denominarla de alguna forma, aparecía publicada en El Mundo y pretendía hacer un retrato de la novia del fundador de Podemos.
Lo cierto es que tras la lectura del artículo se nota un tufillo de mofa ideológica respecto a los ideales de Podemos que ya de por sí es criticable en un formato que no es artículo de opinión, porque si lo fuera, el señor puede decir lo que quiera, siempre con unos límites claro está. Pero es que el autor, Antonio Diéguez, deja entrever también otro tufillo de macho al más puro estilo Cañete cuando, para referirse al domicilio de esta chica, lo denomina “el domicilio de la rubia”.

Imaginaos a las periodistas, mujeres, escribiendo sobre el “el domicilio del buenorro” (para hablar de donde vive Xabi Alonso), o “el domicilio del gordo”, para la casa de Arias Cañete.. ¿Mal verdad? Pues esto igual. En realidad, tras una lectura del artículo se ve que está trufado de pequeños prejuicios de burgués, porque tachar la música de Extremoduro de kalimotxera… Sí, lo sé, no es Vivaldi, pero la prosa de Robe Iniesta ya la quisiera para sí Rajoy, por ejemplo.

El anterior artículo se engloba dentro de lo que yo denomino micromachismos, de estos que hay muchos en los medios, pero también en la política (no hace falta recordar al sr. Cañete que no quiere demostrar su superioridad intelectual ante una mujer cuando, qué queréis que os diga, si no la demostraría ni ante una planta), en la calle, en la publicidad…

Hace unos días oía en no sé qué emisora de radio que querían incrementar las cuotas para que hubiera más mujeres en los consejos de administración de las empresas. Allí estaban debatiendo sesudamente sobre la cuestión cuatro o cinco periodistas, todos hombres. Recientemente salía una nueva revista a la calle. ¿Firmas? De hombres, en una de las profesiones, además, más feminizada…

Quiero decir, déjense de cuotas y de pamplinas. No se necesitan cuotas cuando los hombres que tienen niños asumen su rol de padres y están en casa dando el callo tanto como la mujer, en vez de apostar únicamente por su carrera profesional. No se necesitan cuotas cuando los empresarios son conscientes de lo que significa conciliación. Yo no quiero cuotas. Quiero que un ministro presentándose a unas elecciones europeas se deje los kilos de caspa en casa y si no puede hacerlo pues será porque no es el candidato más idóneo a unas elecciones en pleno 2014. Yo no quiero cuotas: lo que quiero es que si hay un debate sobre cuotas, haya mujeres hablando de ello y no solo hombres. Y que si salen nuevos medios, haya firmas femeninas. Y lo que quiero es que un señor que parece salido de las cavernas no se refiera a la casa de una diputada, me da igual que sea de IU que del PP, como “el domicilio de la rubia”. Un poquito de respeto, por favor.

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