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junio 2014

Los 5 hábitos de las PYMES que fracasan en Internet

By | Actualidad, wellcomm-directivos-conectados | One Comment

Los últimos años han servido para consolidar la absurda percepción de Internet como la tierra prometida de cualquier empresa que desee ganar dinero con facilidad y rapidez. No podemos negarlo, la cultura del pelotazo sigue todavía muy vigente en muchos rincones oscuros de ‘la nube’.

Aún son demasiados los profesionales y emprendedores que atribuyen a la red, al marketing en redes sociales y al comercio electrónico poderes casi sobrenaturales cuando se trata de impulsar el crecimiento rápido y ágil de las ventas o del posicionamiento de marca de cualquier firma, da exactamente igual a lo que se dedique.

Así de fácil. Te buscas un gurú baratito o una start up del sector de comunicación con nombre más o menos pijo y tecnológico y lo demás vendrá por añadidura. El éxito estará a tu alcance por un puñado discreto de euros al mes y tu compañía podrá presumir de muy moderna y extremadamente cool, aunque tu personal y tu estrategia aún permanezcan en el más sombrío paleolítico analógico.

No es necesario enfatizar en el tremendo disparate que representan las afirmaciones precedentes. Las acciones de marketing online, social media y posicionamiento, hace tiempo que dejaron de ser innovación para convertirse en una estrategia obligada para la casi totalidad de las PYMES y emprendedores que desean buscar un lugar en el mercado, crecer, diversificar o afrontar nuevos retos.

Como es obvio, el alocado e indocumentado planteamiento inicial ya expuesto genera una serie de errores que vamos a intentar condensar en los 5 hábitos de las PYMES que fracasan en Internet:

  1. Quiero una Web y un Blog corporativo pero no sé para qué. Todos mis competidores los tienen. Está claro que el primer paso a dar será formular los objetivos estratégicos de tus acciones de comunicación online, en concordancia con los valores, la misión y la visión de mi empresa o de mi negocio, por pequeño que sea. ¿Tampoco tienes claro a dónde quiere llegar tu empresa en el medio y largo plazo? ¿En qué se diferencia de la competencia? Si no puedes responder a estos interrogantes, entonces mejor no sigas leyendo.
  2. Quiero estar en toda las redes sociales para publicar muchos anuncios de mis productos y servicios. Así seguro que venderé más, porque todo el mundo está en Facebook, en Twitter, en Instagram, etc. Si es así, parece que estás muy perdido y todavía no has entendido que una correcta estrategia de marketing y comunicación en redes sociales tiene como principal objetivo la satisfacción del cliente pasado, presente y futuro. Por supuesto antes, durante y después del proceso de venta.
  3. Buscaré un gurú de Internet y lo dejaré todo en sus manos. Estos tipos gafapasta tienen el poder de hacer milagros y además no entiendo nada de lo que me dice. Gran error. Aunque externalices tu proyecto de marketing online, es imprescindible que quienes te ayuden a desarrollarlo conozcan a fondo tu empresa y también que vosotros os comprometáis proactivamente en el desarrollo del mismo.
  4. Mis ventas han caído estrepitosamente, pero la presencia en Internet me salvará de la ruina y me llevará a una prosperidad desconocida en muy poco tiempo. Lo siento, pero te vuelves a equivocar. El marketing y la comunicación online no son la Virgen de Fátima ni producen resultados espectaculares en el corto plazo. Precisarás de un período de tiempo de esfuerzo constante y trabajo especializado para que comiences a percibir los retornos, en términos de ventas, clientes, posicionamiento en buscadores, fortaleza de tu marca, etc. Si eres tenaz, te rodeas de profesionales capaces (aunque sean externos), eres riguroso y tienes paciencia, las recompensas y los resultados acabarán llegando, en mayor o menor medida.
  5. A través de Internet puedo vender cualquier cosa, aunque sea un bodrio incalificable. Otra vez te equivocas. Si tu producto o servicio no tienen mercado, el comercio electrónico, la comunicación o el marketing online no podrán hacer gran cosa por ayudarte. Si tus precios se salen de lo que marca el mercado, tus servicios carecen de público objetivo, tus productos no cumplen con estándares de calidad o no cuentan con una diferenciación respecto a la competencia, tendremos poco qué hacer.

Por si sirve a alguien de consuelo, las grandes marcas también fracasan en Internet con demasiada frecuencia y por motivos análogos.

La envidia, la vanidad y la difícil gestión de los egos

By | Actualidad | 4 Comments

Desde tiempos casi ancestrales, la historia está plagada de escritos y testimonios en los que se habla de la envidia como una de las cualidades inconfesables más fuertemente enraizadas en el ADN de nuestra cultura.

Como ya dijera François de La Rochefoucauld, en una de sus clásicas máximas, ‘a menudo se hace ostentación de las pasiones, aunque sean las más criminales; pero la envidia es una pasión cobarde y vergonzosa, que nadie se atreve nunca a admitir’. Esta actitud con frecuencia invade todos los órdenes de la vida, con especial incidencia en el ámbito del trabajo, de los profesionales y de las empresas.

El sector del marketing, de la publicidad, del periodismo y de la comunicación no son una excepción y, tal vez por su mayor repercusión pública, se encuentra más expuesto a los obstáculos que la envidia y el individualismo exacerbados ponen en el camino de las empresas, los emprendedores y los profesionales.

Damos por hecho que la tristeza o la ira provocadas por el éxito ajeno son el contrapunto del trabajo colaborativo y una barrera difícilmente franqueable para el liderazgo y la gestión de los equipos de trabajo, al menos tal y como la concebimos en nuestros días.

La gestión de los egos es una asignatura pendiente que ni tan siquiera nos atrevemos a incorporar a nuestro expediente, darle visibilidad o afrontarla como una debilidad real y palpable. En buena parte de las organizaciones, la miramos como si fuera transparente y nos resignamos a sus perversos efectos, que se hacen notar en el clima laboral y en el deseable crecimiento de personas y empresas. Se trata de un tabú que preferimos pasar por alto, a pesar de su consistencia y su condición de amenaza estratégica y operativa. Es el eterno juego de los vicios privados y las públicas virtudes, que hoy conocemos en su versión dos punto cero.

Aunque nos cueste admitirlo, no nos resulta sencillo compartir los éxitos y nos sentimos más inclinados a acapararlos de forma excluyente. Cualquier éxito o avance es solo nuestro y cualquier fracaso, incumplimiento o retroceso es atribuible a nuestros más cercanos colegas, por supuesto.

El popular concepto de ‘gurú’, tan utilizado en el mundo de la comunicación en la actualidad, posee innegables connotaciones de individualismo, narcisismo y egos que la vanidad logra dejar fuera de control. La figura del gurú va casi siempre va unida a grandes dosis de envidia, personalismo y exclusión. Un presunto gurú acostumbra a sentir el placer de su propio éxito y también la satisfacción de generar sentimientos de envidia malsana y distanciamiento entre sus colegas. Además, al gurú no le importa alardear de ello en lo más mínimo.

Así parece que la gestión de los egos en un equipo de trabajo o en una compañía sean misiones imposibles, como consecuencia de la aparición de actitudes incompatibles con la excelencia, la innovación, la competitividad, el cambio incesante y los valores ligados a la responsabilidad social de cualquier empresa.

En líneas generales, ante este panorama solo caben dos actitudes profesionales para gestionar los egos, liderar un equipo o incluso para formar parte del mismo como un integrante más:

El camino fácil y menos arriesgado es el que se describió hace más de seis décadas como Síndrome de Solomon, es decir, dedicarnos a formar parte del paisaje, mimetizarnos, camuflarnos, no llamar la atención y repetir lo que hacen nuestros compañeros y responsables. No podemos consentir que nuestros éxitos ofendan a los demás, ni tampoco asumir los riesgos que representa ser creativos o simplemente diferentes. Si se ha de progresar profesionalmente, mejor que sea con procedimientos más dudosos e interesados.

Como contrapartida, la actitud valiente y constructiva en la gestión de los egos tiene que ver con el liderazgo transformacional, algo tan complejo como crear un clima de empatía, trabajo colaborativo, apoyo mutuo, participación, creatividad, motivación por los objetivos colectivos y plena implicación con los valores positivos del equipo y de la organización. Se trata de una evolución paulatina, sacrificada y no exenta de dificultades. Nadie afirmó nunca que fuera fácil.

De todas formas, como dijera George Burns ‘es mucho mejor fallar en algo que amas que tener éxito en algo que odias’.

Los micromachismos y la casa de la rubia

By | Sin categoría | No Comments

Lucia Martín es periodista freelance , colaboradora habitual de Esquire, Forbes, Diario abierto, entre otros. El próximo 25 de junio presenta su nuevo libro “El sexo de Lucia”

“El domicilio de la rubia”. Espera, que no sé si he leído bien. Vuelvo para atrás en el texto, releo y me froto los ojos. Sí, en efecto pone el domicilio de la rubia. Vaya. La rubia en este caso es la novia de Pablo Iglesias, que no hace falta que os expliqué quién es tras los resultados de las elecciones del 25 M. Y la “noticia”, por denominarla de alguna forma, aparecía publicada en El Mundo y pretendía hacer un retrato de la novia del fundador de Podemos.
Lo cierto es que tras la lectura del artículo se nota un tufillo de mofa ideológica respecto a los ideales de Podemos que ya de por sí es criticable en un formato que no es artículo de opinión, porque si lo fuera, el señor puede decir lo que quiera, siempre con unos límites claro está. Pero es que el autor, Antonio Diéguez, deja entrever también otro tufillo de macho al más puro estilo Cañete cuando, para referirse al domicilio de esta chica, lo denomina “el domicilio de la rubia”.

Imaginaos a las periodistas, mujeres, escribiendo sobre el “el domicilio del buenorro” (para hablar de donde vive Xabi Alonso), o “el domicilio del gordo”, para la casa de Arias Cañete.. ¿Mal verdad? Pues esto igual. En realidad, tras una lectura del artículo se ve que está trufado de pequeños prejuicios de burgués, porque tachar la música de Extremoduro de kalimotxera… Sí, lo sé, no es Vivaldi, pero la prosa de Robe Iniesta ya la quisiera para sí Rajoy, por ejemplo.

El anterior artículo se engloba dentro de lo que yo denomino micromachismos, de estos que hay muchos en los medios, pero también en la política (no hace falta recordar al sr. Cañete que no quiere demostrar su superioridad intelectual ante una mujer cuando, qué queréis que os diga, si no la demostraría ni ante una planta), en la calle, en la publicidad…

Hace unos días oía en no sé qué emisora de radio que querían incrementar las cuotas para que hubiera más mujeres en los consejos de administración de las empresas. Allí estaban debatiendo sesudamente sobre la cuestión cuatro o cinco periodistas, todos hombres. Recientemente salía una nueva revista a la calle. ¿Firmas? De hombres, en una de las profesiones, además, más feminizada…

Quiero decir, déjense de cuotas y de pamplinas. No se necesitan cuotas cuando los hombres que tienen niños asumen su rol de padres y están en casa dando el callo tanto como la mujer, en vez de apostar únicamente por su carrera profesional. No se necesitan cuotas cuando los empresarios son conscientes de lo que significa conciliación. Yo no quiero cuotas. Quiero que un ministro presentándose a unas elecciones europeas se deje los kilos de caspa en casa y si no puede hacerlo pues será porque no es el candidato más idóneo a unas elecciones en pleno 2014. Yo no quiero cuotas: lo que quiero es que si hay un debate sobre cuotas, haya mujeres hablando de ello y no solo hombres. Y que si salen nuevos medios, haya firmas femeninas. Y lo que quiero es que un señor que parece salido de las cavernas no se refiera a la casa de una diputada, me da igual que sea de IU que del PP, como “el domicilio de la rubia”. Un poquito de respeto, por favor.

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