Obsesión por la influencia

No hay que ser muy avispado para percatarse de la tendencia creciente de los profesionales de la comunicación a centrar su estrategia en el logro de mayores cotas de influencia, con especial incidencia en las redes sociales.

En algunos momentos parece que el éxito o la simple supervivencia profesional dependen de ser reconocido como un inequívoco gurú 2.0, un usuario activo e influyente de las redes sociales, de las tendencias, de los blogs, de los contenidos y de las opiniones. Es cierto, nos invade la obsesión por la influencia.

Todo lo que compartas, afirmes u opines en la red ha de contar con amplio seguimiento y repercusión. Si no eres un ‘influencer’ en Internet, no eres nadie y puedes estar abocado al ostracismo o al tedio como profesional de la comunicación, el periodismo, el marketing o la publicidad. Incluso te arriesgas a ser objeto de la ignorancia o de la plena desatención por parte de tus propios colegas. Por suerte, no siempre ocurre tal y como lo describimos.

Recordemos primero algunos conceptos básicos, para no caer en confusiones.

Suele llamarse influencer a cualquier profesional de la comunicación, espontáneo más o menos silvestre o intruso que cuenta con la capacidad para liderar corrientes de opinión en Internet e incluso marcar tendencias en uno o varios sectores o áreas de actividad específica.

En otras palabras, no es necesario ni imprescindible ejercer o estar cualificado como profesional de la comunicación para convertirte en influencer, aunque esto no exime a los periodistas o a los comunicadores profesionales de sentirse literalmente obsesionados por la influencia en Social Media y en la red, en general.

Para ser considerado influencer, has de contar con decenas de miles de followers, amigos y fans en Twitter, Facebook, Instagram, Youtube, Flickr, etc. Obviamente, lo lógico sería que estas legiones de seguidores cumplieran con algún criterio de segmentación relacionado con el área de actividad en la que te desempeñas como presunto gurú o líder de opinión online, pero no siempre es así.

En general, suele valorarse más la cantidad que la ‘calidad’ o pertenencia a un público objetivo específico, en el caso de los seguidores de cada gurú o influencer.

La obsesión por la influencia lleva a que, en algunos procesos selectivos de profesionales de la comunicación, se valore su ‘influencia’ según los criterios arbitrarios y cuantitativos mencionados.

En definitiva, la influencia o la condición de influencer se han convertido en toda una ‘competencia profesional’ relevante en un buen número de oportunidades de empleo en el sector de la comunicación, en general.

Si no tienes un blog de autor, más o menos popular; una cuenta de Twitter desbordada de seguidores de variado pelaje; una página de Facebook atestada de fans o una cuenta de Instagram repleta de fotos en las que se te vea con otros gurús reconocibles -por supuesto, imágenes con mucho sarao, mucho canapé y mucho fotocall como escenario-. Si, además, en tu perfil de LinkedIn puedes exhibir con orgullo tu relación virtual con barandas, prebostes y jerifaltes varios, mejor que mejor. En caso contrario, puedes correr el riesgo de ser considerado un ‘mindundi’ con escaso recorrido profesional.

Por suerte, el virus de la obsesión por la influencia no alcanza a todas las empresas ni a todos los profesionales de la comunicación, aunque este mensaje si esté calando en cientos de compañías de otros sectores, con el ‘peligro’ que ello conlleva para quienes si tienen mucho valor que aportar.

Frente a esta tendencia, tal vez lo mejor sea mantener una línea coherente y solvente para gestionar nuestra influencia. Solo se trata de aplicar el sentido común y la profesionalidad, aplicando unas sencillas pautas operativas para crear y trabajar día a día nuestra presencia online:

  • Trabaja con criterios de segmentación: genera atención, curiosidad e interés online en personas, grupos y empresas afines al sector de actividad en el que te desenvuelves.
  • En blogs, redes sociales, Webs o eventos offline, genera contenidos únicos, originales, útiles y relevantes para tu audiencia potencial.
  • No olvides jamás el valor de la credibilidad. Genera confianza en todo aquel que pueda leerte o con quien puedas establecer ‘conversaciones’ o interacciones en la red.
  • Presta atención a tu audiencia, interésate por sus mensajes. Olvida a los herméticos púlpitos y pedestales en los que suelen acomodarse los gurús o influencers dudosos.
  • Trata de crear experiencias positivas en tus seguidores y fans. Vivencias gratas que te faciliten la creación de vínculos y la generación de engagement.

No te negaremos que todo ello supone grandes dosis de tenacidad y trabajo serio, pero no existe otra fórmula para adquirir la condición de influencer con capacidad para generar valor a tu carrera profesional, a las empresas en las que trabajes o a tus clientes. Lo contrario, solo serán ‘fuegos artificiales’, con alto impacto efímero y de ‘garrafón’.

En cualquier caso, siempre te quedará el camino fácil de comprar followers ‘al peso’ en Web chinas, practicar el copy-paste de frases lapidarias o abonarte a los mensajes llamativos y amarillos, tan abundantes en los medios sociales.

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