Gustavo Hermoso: el dibujante de historias

Cuando me han preguntado que a qué me dedico, siempre he tenido el mismo problema, explicarlo. No es fácil, ni siquiera a los que habitualmente tratan con infografías, contar en qué consiste esta especialidad. Incluso los editores, o al menos la mayoría con los que me he encontrado, desconocen cuáles son los entresijos del lenguaje gráfico, ese que cuenta historias a través de imágenes, de formas. Quizá por eso la infografía ha sido tan poco valorada y desconocida al mismo tiempo.

Definir la infografía no es fácil. Es una profesión multidisciplinar que se puede confundir fácilmente con aquellas manifestaciones gráficas que representan números y magnitudes con colores y líneas predominando sobre el texto, pero que son el resultado de las actuales herramientas informáticas que permiten, casi a cualquiera, confeccionar un gráfico.

Sin embargo, la infografía es mucho más que eso. Es un lenguaje de comunicación complejo y completo en el que se unen el diseño, el periodismo, la comunicación, la tipografía, el dibujo y muchas cosas más, todas ellas aderezadas con buenas dosis de síntesis y buen gusto. Cuando una infografía está bien resuelta, el resultado es impactante, porque en una imagen o un conjunto de ellas se transmite una idea, un concepto o una información de una forma atractiva, clara, visual y simple. Pero no hay que dejarse engañar, tras la aparente simpleza de una buena infografía está todo un trabajo de elaboración de quien domina el lenguaje de las imágenes y las formas.

Las infografías son entidades informativas completas. Pueden acompañar a un texto, pero deben explicarse por sí mismas. Deben aportar más que una nota de color a una información o un comunicado. Tienen que contener la esencia de la información de tal forma que el destinatario quede atrapado por ella y en poco tiempo y sin esfuerzo, comprenda la naturaleza del mensaje.

Como he dicho antes, la incursión de las herramientas informáticas permite cosas que antes eran inimaginables, como por ejemplo, una pulcritud y limpieza casi imposibles en un trabajo sobre papel. Pero también la posibilidad de que la herramienta habilite al profesional y no al revés. Es entonces cuando la infografía no funciona y se convierte en la simple administración de recursos prefabricados.

Quizá para muchos editores y profesionales de la comunicación este modo sea suficiente, pero están desperdiciando la oportunidad de utilizar eficazmente un lenguaje visual, inequívoco, de rápida y fácil lectura, universal e impactante.

Desde un humilde dato en una gráfica de fiebre hasta un complejo infograma, la eficacia de la comunicación gráfica es incuestionable. El impacto visual que produce, atrae al lector y le conduce a través de datos, ideas o situaciones de forma fácil y coherente. La memoria visual se encargará de resto y el objetivo de comunicar se hará de una forma perdurable.

No importa qué se quiera transmitir, la infografía es eficaz. Un concepto, una idea, un dato o un suceso pueden estar sintetizados, ampliados o complementados por una infografía. Cualquier área de la comunicación, ya sea corporativa, periodística, económica o social, puede beneficiarse de este lenguaje.

Por eso a los profesionales de la infografía nos es difícil explicar nuestro trabajo, ya que no somos dibujantes, diseñadores o periodistas, sino todos ellos a la vez. Las claves de este lenguaje son múltiples y variables según a quién vaya dirigido el mensaje y quién lo emita y la técnica estará adecuada al soporte o soportes de publicación, pero en cualquier caso, la información deberá estar correctamente estructurada y jerarquizada además de convenientemente codificada para aprovechar la lectura y memoria visuales. Ese es el objetivo de la infografía, transmitir información de una forma directa y visual, eso a lo que yo llamo dibujar historias.

Gustavo Hermoso

@Ghermoso

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