Autoempleo para combatir la crisis de la prensa en España

By 11/10/2012Actualidad, Hoy

Artículo de Javier Prieto
@Willyeforever

El pasado martes asistí en el madrileño centro cultural El Matadero a una mesa redonda llamada ‘Periodismo emprendedor’, puesto que los periodistas somos muy curiosos – en el amplio sentido de la palabra- y más todavía si estamos desempleados, como es mi caso.

Con trece minutos de retraso, como mandan los cánones de la cortesía y el protocolo nacionales en estas ocasiones, los intervinientes iniciaron sus alocuciones. Éstas me resultaron muy ágiles y dinámicas, puesto que cada turno de palabra se prolongó entre 5 y 10 minutos, obligando a un saludable ejercicio de síntesis. También resultaron muy útiles las aportaciones y testimonios de colegas que habían iniciado nuevos proyectos profesionales independientes.

Al otro lado de la mesa que, por cierto, no era redonda, escuchábamos una nutrida y heterodoxa concurrencia compuesta por estudiantes de periodismo con sus ideales todavía vírgenes, profesionales de la comunicación vestidos con sus impecables trajes de palabras yermas, dignos compañeros de profesión dando sus primeros pasos en una nueva aventura hacia el futuro y algún que otro náufrago como yo, en busca de la brújula perdida en la tempestad laboral.

Las primeras opiniones pusieron el acento en el derrumbamiento de los modelos tradicionales del periodismo y de sus empresas, cuyos miopes dirigentes han mostrado una exasperante falta de previsión para anticipar soluciones a la tormenta que se avecinaba, además de una capacidad de codicia similar al Tío Gilito o a la del Avaro de Moliere. Todo ello, desarrollado por esas mentes pensantes al timón de los grandes conglomerados de medios y en la época de las vacas obesas y no en la actual, conocida como la de las reses anoréxicas.

“Vivimos actualmente una catarsis en la profesión”, manifestó uno de los intervinientes. Si éste había acudido al sentido etimológico y aristotélico de la palabra, que hace referencia a un proceso de tragedia, purificación y redención, nuestra colega, no podía haber sido más precisa y concreta en su diagnóstico.

Pero, tras esbozar otras negras pinceladas de la realidad que nos envuelve, mencionando los inevitables despidos masivos de periodistas que afortunadamente todavía no se han traducido en deportaciones y/o fugas masivas al extranjero, se dio paso a una corriente de optimismo vinculada a las posibilidades –si sabemos jugar nuestras cartas- que nos ofrece el futuro. No es que la conferencia se convirtiera de forma súbita en un ‘happy hour’, pero sí es cierto que los conferenciantes con su energía positiva, abrieron la puerta a la esperanza, y entonces la sala donde estábamos se llenó de aire fresco. Así, uno de los parlamentarios, joven en el mayo del 68, nos regaló dos lemas: ”no nos quedamos parados porque no nos da la gana”. “Ya que estamos desempleados, no permaneceremos parados”. Y otro de ellos: “donde cae y muere un árbol nacen muchos más”.

En esta segunda ronda se analizó la llegada de la nueva era de la información, protagonizada por la irrupción de las nuevas tecnologías, las cuales nos tienden la mano. Sí, aunque parezca increíble, las nuevas o seminuevas plataformas – Twitter, Facebook, blogs y sus IPhones, tablets de turno- se alían por una vez con el ser humano más débil, o sea, el periodista, y acuden casi a nuestro rescate, perdón por la utilización de la manida palabra.

Por tanto, ahora contamos con herramientas que nos permiten enviar nuestra información a un número casi infinito de receptores y por múltiples medios. De esta forma, y con el cambio de la jerarquización de la información, podremos poner en marcha pequeños, pero ágiles e hiperespecializados medios online. Sus contenidos satisfarán las necesidades informativas de las comunidades más próximas geográficamente a nosotros, es decir, la hiperlocalización. Además, el tratamiento de las noticias se fundamentará en el rigor y la investigación, supondrá el retorno a la esencia periodística.

Pero, ¿sólo? falta para que la escena sea perfecta, el ánimo y el carácter emprendedor para fundar nuestro medio online y convertirnos en empresarios de nosotros mismos. Y eso, se aparta del optimismo del discurso y nos devuelve a la realidad de la escasez de ayudas y la nula cultura empresarial que poseemos una buena parte de los españoles.

Por último, y a falta de cóctel y/o aperitivo de despedida –se perdona por la sacrosanta austeridad imperante-, se nos ofrecieron los ingredientes de la receta del éxito para condimentar nuestros proyectos: una buena idea, un producto atractivo, mucho trabajo e ilusión y una pizca de fortuna.

Compañeros, buena suerte.

Artículo de Javier Prieto
@Willyeforever

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