Saber decir lo que sabes

By 25/09/2011Actualidad, Hoy

Decía Platón que no bastaba con saber sino que era prioritario también “saber decir lo que se sabe”. ¿Cuántas veces hemos recordado a ese profesor de Ciencias o de Literatura que sabía mucho pero no había forma ni de entenderlo ni de mantenerse despierto durante sus clases?

En Suiza acaba de nacer AntiPower Party (APP), un partido político cuya máxima no es acabar con el power point (ppt) pero casi. Ellos consideran que la obligatoriedad de usar esta herramienta comunicativa supone un castigo para mucho profesionales.

Sin duda, el asunto es bastante rocambolesco pero no deja de ser curioso. Efectivamente una presentación puede ser tediosa y soporífera o, por el contrario, muy entretenida si quien hace uso de esta herramienta es capaz de sacar el máximo partido de ella.

En el proceso comunicativo oral, según determinó el polaco Albert Mehrabian interfieren tres elementos clave: lenguaje no verbal, voz y mensaje. El primero absorbe el 55% de la atención del receptor; el segundo, un 38%; y, el tercero, tan sólo un 7%. Propongo que extrapolemos estos porcentajes al ponente y su power point como dos emisores en uno. Por lo tanto, deberíamos dividir entre dos los porcentajes. De esta forma, la atención del receptor será repartida entre el ponente y su presentación de manera que los gestos y formas de vestir del orador supondrán el 27,5% de su atención y el otro 27,5% hacia lo atractivo o no de la presentación visual de su ppt. Y, así con los demás porcentajes del proceso. En definitiva, el receptor está obligado a dividir su atención entre el emisor 1 (el ponente) y el emisor 2 (su presentación) por lo que o ambas están perfectamente sincronizadas y son capaces de mantener la atención o no hay nada que hacer. Demasiado ruido para ser capaz de transmitir un mensaje que quede en la retentiva del oyente. O somos muy ágiles, claros, directos, coherentes y nos sabemos bien de lo que hablamos – nos lo creemos – o esto tiene muy mala pinta.

Hace unas semanas fui testigo, en el día, de dos situaciones muy diferentes. En un mismo foro, dos presentaciones realmente opuestas: primera, el ponente pone aburridas diapositivas sobre un planteamiento propio de algo que han hecho otros profesionales (sólo analizaba el trabajo ajeno) Leía al pie de la letra lo que ya venía en las diapositivas, largos textos aburridos y liosos, con gráficos sesudos. Era incapaz de seguir su argumentarlo sin el ppt ¿Cuál era el mensaje? Que un discurso había sido la clave del éxito. Punto. ¿Necesitaba tanta diapositiva para explicarlo, tanto rollo, tanta parafernalia? ¿Acaso su discurso era bueno? Sólo me quedó en la mente la seguridad de que la presentación me resultó soporífera a pesar de que el tema tenía su aquel.

El segundo, un convencido de su trabajo, apasionado, con una presentación dinámica y limpia; una actuación en la que se interactuaba con la audiencia, preguntaba, contaba, reía, se movía… Las imágenes en la pantalla le acompañaban como si se tratara de un baile de salón. Aunque algunos afirmaron que tan sólo se trataba de un gran showman no estoy de acuerdo. En su exposición  había ilusión y pasión y su mensaje era ese: los negocios necesitan de pasión e ilusión para tener éxito.

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