¿Apuestan las grandes empresas por sus dircom?

Alberto Artero se hacía eco hace unos días en su twitter de un apunte de Clara Varela citando a Steve Jobs.  Dice el presidente de Apple: “No contratamos a personas para decirles que deben hacer, sino para que nos digan qué debemos hacer”. ¡Cuánta clarividencia!

Esta debería ser la filosofía del cliente inteligente, que haberlos, haylos, aunque sean escasos.

Llevo días queriendo hablar de este asunto pero nunca encuentro el momento oportuno y que ahora se me ha brindado en bandeja.  En foros, blogs, en twitter… venimos debatiendo mucho últimamente sobre el valor de la asesoría de comunicación y el poder que podemos llegar a tener los expertos y consejeros (tanto desde dentro como desde fuera). Aunque los colegas del sector nos quemamos la boca asegurando que la comunicación está muy reconocida dentro de las empresas seguimos siendo, en la mayoría de los casos, perros fieles que escriben al dictado de sus amos mientras nos tragamos nuestra bilis ante el caso omiso que nuestros empleadores hacen de nuestros consejos. Lo último y más gracioso que yo he oído es “déjame ser malo y no hacerte caso” como si se tratara de un juego de muñecas de divertidas consecuencias que, generalmente, tienes que comerte posteriormente con patatas.

La Asociación de Directivos de Comunicación (DIRCOM) ha presentado recientemente las conclusiones de un informe (que realiza cada 4 años) en el que evalúa el estado de la comunicación en nuestro país. Según éste último, un 41,4% de los dircom participa en el Comité de Dirección de sus empresas (frente a un 36% de 2005) Poco avance, pero avance al fin y al cabo, que muestra sin duda una clara tendencia a la mejora pero que nos sigue teniendo un poco a los pies de los caballos.

Parece ser muy duro para el empresario ponerse firme a los consejos de sus asesores en comunicación. Primero, y no quiero generalizar, desconocen mayoritariamente el funcionamiento concreto de la logística de trabajo y, segundo, consideran que pagar al especialista es sinónimo de control absoluto sobre pensamientos, contenidos y tendencias.

A pesar del claro avance demostrado en el último informe DIRCOM me llama espectacularmente la atención la acción llevada a cabo por Caja Madrid. Juan Astorqui fue, hasta la llegada de Rodrigo Rato, Director General Adjunto y Director de Comunicación de caja madrileña, es decir un peso pesado dentro de la organización. Sin embargo, Miguel Robledo, el nuevo, y SOLO, director de comunicación de Caja Madrid nombrado hace escasamente dos semanas, no detentará los poderes que, hasta el momento, tenía Astorqui ¿un paso atrás?

Obviamente, la carrera profesional de Juan Astorqui es mucho más larga que la que pueda tener Robledo en estos momentos pero me preocupa especialmente la falta de importancia que ha tenido para el ex ministro de economía del PP la selección de su dircom que se produjo, nada más y nada menos, que en pleno anuncio de su fusión con Bancaja. ¿Pudo Robledo participar de la estrategia de comunicación de esta acción?

Si el presidente de una de las mayores cajas de ahorros de nuestro país considera que su departamento de comunicación puede estar descabezado durante algunas semanas (o incluso meses) es que no considera que esta área sea clave dentro de su organización. Sí es verdad que la entidad cuenta con otros profesionales que han debido de cargarse a las espaldas el marrón de la fusión para luego pasar el testigo a Robledo, pero nos debería hacer reflexionar si el reconocimiento profesional no ha dado un importante traspié en este caso de la mano de Caja Madrid (a la sazón, socio protector de DIRCOM)

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