Cada vez que una agencia se decide a contratar a una persona nueva, se produce un debate interno que suele generar más de un problema.. ¿Necesitamos un buen jefe, o queremos un genio creativo? ¿Buscamos un brillante estratega, o alguien que domine la organización y la gestión de proyectos? ¿De verdad tenemos que elegir?.

En nuestra experiencia, la mejor respuesta es definir bien las funciones al margen del “título” que pongamos: director de cuentas, consultor senior, supervisor, gerente….. La realidad es que todos deben ser capaces de relacionarse con los clientes, entenderles y ofrecer soluciones a sus “problemas” de comunicación. En un momento en que tanto se está hablando sobre la reinvención del modelo de la agencia y la innovación en la comunicación, los profesionales son los auténticos héroes desconocidos de la empresa.

Inevitablemente, la discusión del equipo de dirección se suele centrar en definir el conjunto de habilidades necesarias: visión estratégica y global, capacidad de liderazgo, excelentes dotes para la comunicación oral y escrita, experiencia en el manejo de situaciones complicadas, habilidades para coordinar diferentes proyectos simultáneamente, pensamiento estratégico y creativo, dotes “comerciales” para la venta de productos de comunicación, capacidad para organizar y priorizar el trabajo…La lista sigue y sigue y difícilmente podremos encontrar a el candidato “perfecto” capaz de ofrecer en tiempo y forma todas las cualidades que requiere ese perfil profesional que tanto trabajo nos ha costado definir.

En todos los proyectos que desarrolla wellcomm pedimos “actitud wellcomm: proactividad, responsabilidad, actitud emprendedora”.

Cuando hablamos de la actitud wellcomm nos referimos a profesionales capaces de ser catalizadores de nuevas ideas, que viven la innovación como parte de su día a día, que no se conforman. Se nos ocurren 5 claves básicas:

1. Curiosidad para encontrar nuevas posibilidades, nuevas estrategias, nuevos enfoques y herramientas para desarrollar su trabajo.

2. Iniciativa para asumir riesgos calculados e introducir nuevas ideas audaces en los proyectos. Los clientes suelen reconocerlo y valorarlo siempre que se gestionen bien los tiempos.

3. Capacidad para establecer procesos sin ahogar la creatividad o dicho de otro modo, flexibilidad garantizando la productividad

4. Diplomacia empresarial : vender ideas exige una negociación múltiple entre las partes. En algunas ocasiones los clientes pueden necesitar un estímulo para asumir mayores riesgos que les ayuden a alcanzar posiciones de liderazgo

5. Pasión, ambición y trabajo duro.

Para que esto funcione, toda la organización deber “respirar” estas ideas: no se puede pedir a los profesionales actitud, si la dirección no es coherente. A nuestro modo de ver, el espíritu emprendedor es lo que hace que la mayoría de agencias consoliden su éxito en el tiempo. Al final, algunas grandes ideas e innovaciones nunca ven la luz sin el talento, el compromiso y la actitud de esos profesionales.

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