Comunicación en las aulas

By 11/10/2009Actualidad, Hoy

Hace unos días mi hijo mayor volvió de Estados Unidos tras realizar la primera parte de un intercambio con un instituto de Filadelfia (en Enero Andrew vendrá a nuestra casa). El instituto (público) en el que estudia Pablo (mi hijo) lleva organizando este intercambio desde hace 15 años para los alumnos que sean capaces de sacar partido a las tres semanas de estancia. Os cuento esta historia tan personal porque llevo días pensando en las cosas que nos ha contado sobre el colegio al que acudía cada día con su hermano americano y, en general, sobre el sistema educativo americano en estos días en que tanto se habla del nuestro.

Resulta que Andrew, 16 años, padre fontanero y madre maestra, estudiaba tres días a la semana biomedicina tecnológica… ¡Con 16 años! 7 horas al día de clase (de 7 a 14) y toda la tarde para entrenar su deporte favorito (el fútbol americano) A las 6 vuelta a casa, cena y a dormir… No hay tiempo de estudio, no hay deberes, no hay que aprender nada de memoria… Las clases son eminentemente prácticas y en las aulas disponen de todo lo necesario para entender lo que se  explica a través de la  experimentación. A destacar: aula de técnicas de comunicación. Disponen de un set de televisión, cámaras y ordenadores de última generación, algo que nosotros jamás hemos visto en la facultad de periodismo de Madrid. ¡Y eso que es un instituto de secundaria situado en un barrio a las afueras de la ciudad!

Dejando al margen los recursos materiales, Pablo venía fascinado por el modo de educar, por el estilo de vida de los estudiantes, por la falta de presión sobre lo que se hace fuera del horario escolar, por la infinidad de posibilidades que te ofrecen en conexión con el mundo laboral, por como te enseñan a liderar y a hablar en público, por los nulos problemas respecto a la autoridad de los profesores … En fin todas las cuestiones que hoy se siguen debatiendo respecto al modelo educativo español y que seguimos sin superar a pesar de los intentos de los sucesivos gobiernos por pactar un acuerdo a largo plazo que garantice otro futuro para nuestros hijos.

Ahora toca gestionar la frustración de Pablo en las tardes interminables de deberes, los temas memorizados, la falta de motivación del profesorado, los compañeros que “rompen” las clases porque no les interesa lo que explican, las nulas posibilidades de practicar un deporte por falta de tiempo, de instalaciones y de monitores comprometidos. En enero, la segunda parte del intercambio. Durante dos semanas habrá que inventarse para Andrew un sistema que no existe y un modelo de vida que le permita ver lo bueno de esta “vieja Europa” que, desgraciadamente, mira más al pasado que al futuro.

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