Palabrejo al canto. Pero no es para menos. No hay nada más absurdo que acudir al especialista en busca de asesoramiento y desoír sus consejos. El mundo está lleno de incautos aprendices de comunicadores cuyos egos anegan las estrategias más sensatas y oportunas. En el mundo de la comunicación nos encontramos cientos de estos cada día porque la ignorancia es atrevida y los complejos de incapacidad, universales (aunque se intentan ocultar de muy diversas fomas).

Los asesores de comunicación nos encontramos innecesariamente con personajes empresariales que por, detentar cargo oficial pomposo (y generalmente en inglés), creen tener la varita mágica de la sapiencia absoluta en todos los terrenos del saber, algo impensable en pleno siglo XXI en el que la especialización es la clave del conocimiento. Y, más aún en este terreno, en el que el don natural de comunicarnos nos hace merecedores, según opinión popular, de ser expertos en la material. Pero, ¡ah, incautos! Nada más lejos de la realidad.

Cuando en comunicación se recurre a la asesoría de los expertos en la materia es para dejarse asesorar, si no ¡desasesorate! (palabrejo que no existe y que nos acabamos de inventar con el único objetivo de despertar tu rabia) y ahorrarás un buen capital (tan necesario en estos momentos delicados) Pero no intentes convencer al experto de que lo que tú fuerzas a hacer es lo oportuno. El asesor puede ser sumiso (algunas cuentas de resultados así lo exigen) pero seguro que no es estúpido. Y, ojo al dato, si las cosas salen mal ya sabes a dónde mirar: date la vuelta a los ojos y mira hacia dentro que seguro que encuentras al máximo responsable (aunque con tus amiguetes sociales insistas en que los asesores de comunicación no se enteran…)

Join the discussion 3 Comments

  • Pink Mary dice:

    Sensata reflexión. Doy fé de ello. A veces asesorar a un cliente es como clamar en el desierto… Cuando desarrollas una buena estrategia todo el mundo se cuelga las medallas. A toro pasado todo el mundo olvida que los asesores tuvimos que convencer con uñas y dientes y derribar más de un muro. Eso si, si al final no entran en rázón y las cosas salen mal, exactamente como nosotros les vaticinamos, después de que hicieran oídos sordos a nuestras recomendaciones. Entonces la culpa por supuesto no es que el cliente se “desasesorara” … El sambenito, cómo no, cae en el asesor, que no se entera de nada…

  • Iván Pino dice:

    Qué bien me ha venido este artículo, precisamente, hoy. Vaya día que llevo ejercitando la santa paciencia. En fin. Lo suscribo por completo.

  • admin dice:

    Iván, efectivamente. A veces consuela pensar que no estamos solos y que nuestros marcianos no son los únicos marcianos del universo comunicativo. Y, efectivamente, ¡Santa Paciencia!

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