Nos preocupa un poco el boom que se está produciendo en el mundo de la comunicación respecto el asuntillo de los cursos.  Cursos, cursos, cursos. Por un lado, estamos todavía intentando que la sociedad, la empresa y las organizaciones reconozcan lo que es la comunicación y su valor; y, por otro, todos nos ponemos a dar cursos y más curso y más cursos a todo ser viviente, incluidos a los que se supone que ya deberían saber cómo funciona esto de la comunicación.

Este es un tema que tendrá que retomar la nueva junta de DIRCOM (si es que algún día llegamos a conocer su programa, ¿tendremos esa suerte?) porque lo que hizo la Asociación hace 20 años en temas de formación no tiene porque seguir haciéndose (¿habremos aprendido algo?) actualmente; Como bien me dijo el director de uno de los principales periódicos económicos de este país cuando le pedí unas clases de inglés “aquí se viene comido y bebido” (no fue exactamente así pero es que no quiero reproducir la ordinariez).  Si consultamos la hoja parroquial que DIRCOM envía cada semana a sus feligreses es cada vez más voluminoso el apartado de sinergias, y en el que se recoge – sobre todo- lo que unos miembros pueden enseñar a otros miembros. Cursos, cursos, cursos. Al parecer, los integrantes de la asociación tenemos una especial obsesión por enseñar a hacer a los demás integrantes de la Asociación lo que se supone que ya saben hacer, y que es la razón principal por la que nos dejan asociarnos. ¿O es que DIRCOM debe ser la escuela de comunicación que no existe en el campo universitario? Cierto galimatías si que es y tal vez deberíamos replanteárnoslo.

Pero más aún, descubrimos cómo las estrellas televisivas estás dispuestas a enseñar, a todo aquel que quiera y en un par de horillas, qué es esto de la comunicación, porque, según ellos, comunicación es sinónimo de salir en televisión arreglaos pero informales. Flaco favor nos hacen estos colegas a los demás profesionales de la comunicación al ofrece ornamentados proyectos de “formación en comunicación”, como los que recientemente Manuel Campo Vidal o Baltasar Magro están presentando en el mercado. Eso es reducir a lo anecdótico la ciencia comunicadora que no es sólo salir en un medio sino diseñar una estrategia coherente y coordinada dentro de las organizaciones. Lo otro se llama simple y llanamente “formación de portavoces” que no es nada sin una estrategia detrás y que seguro que tan bien hacen otros profesionales con menos focos y menos edificios glamorosos como Jesús Monroy o Pía Serra, directora de Masscom con su programa de formación. Y a precios mucho más competitivos (que no tirándolos, que de esto también hablaremos).

De nuevo, en esta nuestra vulnerable profesión, lo efectivo y profesional choca de frente con la parafernalia, lo rimbombante y lo vacuo.  A ver cuántos nos lo tragamos.

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